El dancausismo: NNGG vuelve a tener hambre
Hay organizaciones políticas que envejecen incluso cuando sus militantes son jóvenes. Y durante demasiado tiempo Nuevas Generaciones ha corrido precisamente ese riesgo: convertirse en una estructura más preocupada por fabricar futuros cargos que por representar a los jóvenes de hoy.
La llegada de Ignacio Dancausa, Antonio Landáburu y Candela Anglés ha abierto una etapa distinta en las juventudes del Partido Popular. Una etapa que, con sus aciertos y sus riesgos, empieza a tener nombre propio: el dancausismo.
No se trata simplemente de Ignacio Dancausa. Sería demasiado fácil reducirlo todo a una persona. Lo verdaderamente interesante es que alrededor de su llegada se ha producido una renovación de caras, discursos y ambición. Y cuando una organización juvenil recupera precisamente eso —caras, discurso y ambición— deja de ser una simple cantera electoral para convertirse en un actor político.
Y eso es exactamente lo que necesita NNGG.
Porque enfrente tiene una izquierda que lleva años intentando convencer a los jóvenes de que determinadas ideas son patrimonio exclusivo de su generación. Que la defensa de unos valores concretos, de un determinado modelo social o de una determinada concepción de España es prácticamente incompatible con ser joven.
El problema es que durante demasiado tiempo la derecha ha aceptado ese marco.
El dancausismo parece dispuesto a romperlo.
La política juvenil no puede limitarse a hablar de juventud cada cuatro años. Un joven no vive pensando en porcentajes electorales. Vive pensando en cómo pagar un alquiler, si podrá independizarse, si tendrá un trabajo estable, si podrá formar una familia o si dentro de diez años tendrá mejores oportunidades que sus padres.
Y ahí existe un enorme espacio político que alguien tiene que ocupar.
NNGG tiene la oportunidad de hacerlo.
Pero para ello tendrá que abandonar definitivamente cualquier complejo. No puede pedir perdón por defender la libertad, la propiedad privada, el mérito, la igualdad ante la ley, la seguridad, la familia o la unidad de España. Tampoco puede tener miedo a entrar en las batallas culturales que durante años ha evitado mientras otros las libraban sin oposición.
Porque la política también consiste en decir no.
No a una generación condenada a vivir eternamente de alquiler. No a convertir a los jóvenes en contribuyentes........
