Cuando no decidir decide: el silencio legislativo positivo
Ya es posible anticipar un Congreso sin mayorías claras, donde Fuerza Popular y Renovación Popular, que previsiblemente coordinarán posiciones, alcanzarían 30 votos de 60 en el Senado. En ese escenario, salvo que se concreten alianzas adicionales (aún inciertas), el trámite legislativo dependerá de acuerdos puntuales. Esto obliga a mirar no solo el diseño formal, sino cómo funcionará en la práctica en un contexto sin mayorías estables.
El rediseño del Congreso establece un plazo de 60 días para que el Senado revise los proyectos aprobados por la Cámara de Diputados. Si ese plazo vence sin pronunciamiento, el proyecto sigue su curso hacia su aprobación. Es, en los hechos, un caso de silencio legislativo positivo: cuando el Senado no decide, igual hay decisión. El objetivo bienintencionado de esta regla es reducir el riesgo de bloqueo por inacción.
Sin embargo, al cruzar este diseño con la realidad —según datos de Dapper, durante 2025 el Congreso envió al Ejecutivo más de 3 mil leyes para su publicación— aparece un problema estructural. Con ese volumen, el Senado difícilmente será capaz de revisar todo dentro del plazo. Más que un mecanismo excepcional, el silencio legislativo positivo puede terminar operando como una respuesta a la saturación: cuando no alcanza el tiempo, los proyectos siguen su curso.
En ese escenario, el Senado pasaría a funcionar en la práctica como un filtro selectivo, concentrando su atención en algunos proyectos y dejando que muchos otros avancen sin revisión. Esto también reconfigura los incentivos en la Cámara de Diputados: sin un Senado con capacidad práctica de revisión, aumenta la probabilidad de que iniciativas avancen sin un escrutinio sustantivo.
El bicameralismo, entonces, no necesariamente implicará más deliberación. Puede derivar en un sistema donde una buena parte de las leyes se aprueba por omisión más que por acuerdo. Para organizaciones y empresas, esto redefine el entorno: anticipar qué iniciativas ganan tracción deja de ser una ventaja competitiva y pasa a ser una condición básica para operar.
