En defensa de Ruth Ortiz
"¿Puede una sociedad democrática permitirse decidir qué libros merecen existir y cuáles no?". Esta es una de las frases que se leen en la brevísima sinopsis que presenta el libro de Luisgé Martín Desde el odio, publicitado en webs de librerías, no así en el avance de temporada de la editorial Altamarea, el sello que ha decidido respaldar este título.
El interrogante es tramposo. Los libros no existen, se escriben. Detrás de cada libro hay una autora o autor, una editorial y una intención. Un libro es un artefacto cultural que tendrá un impacto social y que, dependiendo de su relevancia, calidad e interés, de cómo caiga en el mercado y de la suerte que tenga, funcionará mejor o peor. Porque una cosa son los libros y otra muy distinta, el acervo literario del que las sociedades son legatarias. Por eso, prohibir la lectura del Quijote sería un acto de censura mientras que, de haberse paralizado mediante sentencia judicial la distribución de un libro como El odio, no........
