Las claves del funeral en Teherán y un contragolpe en Ormuz
Un día antes de que terminara el funeral de seis días de Ali Jameneí, y cuando tuvo lugar la cumbre de la OTAN en Turquía, los generales del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) atacaron con drones y misiles los barcos mercantes de Kuwait y Baréin en el estrecho de Ormuz. Tenían dos objetivos. En el plano interno, querían derribar a la facción Pro-Acuerdo de la Teocracia Chiita (TCHI), compuesta por el presidente del Parlamento Bagher Ghalibaf, el ministro de Exteriores Abbas Araghchi y el presidente Masoud Pezeshkian, a quienes llamaremos El Tripartito. En el plano externo, buscaban sabotear su intento de normalizar las relaciones del régimen con Washington y, por ende, con gran parte del mundo.
Aunque su apellido significa "tejedor de alfombras", Ghalibaf -el nuevo rostro de la TCHI- es un oligarca camaleónico y un veterano miembro de los servicios de inteligencia y del CGRI, con cientos de cadáveres de los mejores hijos e hijas de esta nación en su armario, y a quien el ayatolá Jameneí le impidió una y otra vez que ocupara el puesto de la presidencia de la república islámica. Con la desaparición de su principal enemigo y gran parte de las autoridades del país en los ataques de EEUU e Israel, el impostor Ghalibaf no desaprovechó la oportunidad y se marcó la misión de salvar lo que quedaba de aquella teocracia. De modo que, con la complicidad de Pezeshkian y Araghchi, organizó un sigiloso golpe palaciego, apartando del poder al clérigo, el símbolo de 47 años de represión medieval y el estamento más odiado de la sociedad iraní, y declaró al desaparecido Mojtaba Jameneí el nuevo caudillo del régimen, para mostrar que contaba con una legitimidad que en los sistemas fascistas se obtiene exclusivamente con la lealtad hacia la figura del poder, aunque sea una entidad tan intangible como un espíritu. La culminación de este proceso fue la firma del Memorando de Entendimiento (MoU) con nadie menos que el mismísimo asesino del líder supremo de la TCHI.
Los primeros que se alarmaron de tal atrevimiento fueron los ayatolás de la Asamblea de Expertos, y no por nombrar líder a quien no da señales de vida, sino porque es el único órgano constitucional autorizado para nombrar a los caudillos, y se les habían robado sus facultades. Manos a la obra, 63 de sus 84 miembros publicaron una carta de protesta contra las negociaciones con EEUU, renunciar al programa nuclear y la reapertura del estrecho de Ormuz, y declararon de obligado cumplimiento religioso asesinar a Donald Trump y Benjamín Netanyahu, y no por bombardear numerosos países y destruir la vida de millones de civiles en la región, sino por matar a Ali Jameneí. Un grupo de los diputados del Parlamento se unieron a la rebelión y anunciaron la nulidad del MoU por no haber sido ratificado por las señorías. El muy listo Ghalibaf se niega a autorizar la reapertura de las sesiones parlamentarias bajo el pretexto de un "problema de seguridad" (o sea, miedo a Israel, que controla el espacio aéreo de Irán), y tampoco contesta a su pregunta de "por qué el MoU no ha sido ratificado por Mojtaba", quien en calidad del "líder supremo" es la única figura con esta potestad.
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El complot está encabezado por el representante más reaccionario de este singular Estado islámico, Hassan Shariatmadari, el director del diario Kayhan (próximo al clan de los Jameneí), quien también controla todos los canales de la Radio Televisión "pública". Y no está solo. Cuenta con dos pilares del poder: uno, los militares que se benefician de las sanciones con el contrabando de todo tipo de........
