Pirómanos y colibríes
Leo a un conocido columnista, habitual de las tertulias políticas, referirse a su trabajo como "encender fueguitos". Desayunar, darse una ducha, encender un fueguito. El fuego va variando según el día: lo de Irán, lo de Ceuta, lo de Maricarmen; el día que la desahuciaron, el día que ingresó en el hospital, el día que murió. No hay tiempo para reflexionar, no hay minutos de silencio. Hay que llenar páginas, cuotas de pantalla. Llegar con una opinión a cada tragedia, demostrar que uno tiene algo que aportar, que no se le escapa el incendio del día. Encender una nueva polémica, colocarse a contracorriente, decir lo que "no quieren que oigamos", aunque, paradójicamente, eso que supuestamente no quieren que oigamos termine saliendo en prime time y llevando al pirómano de tertulia en tertulia y de diario en diario. Solo hace falta tener la antorcha lista. Ya aparecerá el tema, lo que dé audiencia, lo que concentre la atención de hoy.
La piromanía de las palabras –simplismos, exageraciones llevadas al absurdo, insultos, burlas, deshumanización–, se ha convertido en un pasatiempo para muchos. Para algunos afortunados, incluso en un oficio, una profesión bien pagada. Que la violencia sea verbal y esté bien pagada no la hace menos violenta, menos incendiaria.
Sabemos que el lenguaje importa y que tiene la capacidad de provocar incendios. En octubre de 2025, el diario escocés The National llevó a su portada el titular "HOW GENOCIDE HAPPENED", reuniendo citas de figuras públicas israelíes como parte de un especial de cuatro páginas. Palabras como “ratas”, “animales humanos” o “no hay nadie........
