menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Íbamos a hablar del Sáhara pero Marruecos nos ha censurado

11 0
31.03.2026

Enunciaba Clint Eastwood entre dientes en El bueno, el feo y el malo que "el mundo se divide en dos categorías, los que tienen el revólver cargado y los que cavan". Y si has hecho click en este artículo eres de los que cavan, aunque no hizo falta que te lo aclarara Clint Eastwood porque lo sabes de sobra. 

La semana pasada pretendía viajar a Italia, a la Universidad de Palermo, para presentar en unas jornadas sobre la cultura saharaui Los Despojados, un ensayo que publiqué con la editorial Altamarea en el que se recorren los 50 años del conflicto en el Sáhara Occidental. Dos días antes, una llamada de las profesoras organizadoras me comunicó que el congreso había sido cancelado por orden del Rectorado. El pretexto que iban a esgrimir oficialmente era la tensión internacional y las cancelaciones de vuelos por los ataques sobre Irán, a pesar de que el verdadero motivo era una carta enviada desde el Gobierno de Marruecos a la universidad en la que advertía con represalias si esas jornadas se llevaban a cabo. 

Sería bonito contar que la intimidación no forzó la autocensura y que el curso se desarrolló con normalidad, que los alumnos acudieron, que allí se pudo discutir del Sáhara con libertad y que de paso vendí un par de libros. La realidad fue que las jornadas se desmantelaron para evitar un conflicto con una dictadura que, con sus redes económicas en el mundo académico, pelea para borrar la resistencia saharaui de la conversación pública. Las organizadoras no daban crédito, sorprendidas ante la respuesta inmediata de Marruecos, pero no es la primera vez. En la Universidad de Cádiz, que desde hace varios años organiza el LabSahara, ya recibieron esa misma carta, la cuál ignoraron y por la que vieron caer todos sus los contratos colaborativos con Marruecos.

Dirán los de siempre que "ya no se puede decir nada", que la cultura de la cancelación ha ganado, que el feminismo y la izquierda han impuesto un relato oficial o que el humor ha sido cercenado por la corrección. Aquí, en la vida real, sabemos que la censura no ha cambiado de manos y la ejercen los de siempre: los que tienen dinero, medios y poder sobre los que no tenemos un carajo. Un grupo de profesoras italianas quiso hablar del Sáhara Occidental en su universidad, exprimió el presupuesto para perder el menor dinero posible y, con suerte, congregar a 20 alumnos en un aula donde hablar de un par de libros y una carta con membrete gubernamental bastó para que eso no ocurriera. Y eso que se iba a hablar de literatura. 

Hay en el desierto una población entera exiliada de su verdadero hogar, el Sáhara Occidental, mientras la monarquía marroquí tiene militarizada la región e impide hablar del tema allí donde tiene mano. Van ya cinco décadas y es fácil concluir que el paso del tiempo y el olvido están haciendo el trabajo a Marruecos, pero no, son ellos quienes presionan como el primer día para que nadie se entere de las vulneraciones constantes de los derechos humanos.

El pueblo saharaui se encuentra con muchos límites y, una vez publicamos Los Despojados, en la editorial siempre han reconocido su sorpresa por el enorme contraste que han percibido. Un alto interés ciudadano por el tema y un escaso eco de los medios de comunicación para promocionar el libro (sálvese Público). Esta vez la falta de libertad se impuso en una universidad pública italiana. Sí, no hay ninguna duda y somos los que cavamos, aunque para hacer un túnel, esquivar el muro, las minas y encontrar la luz en algún otro lado.


© Público