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El niño que se lleva la pelota

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Si hay un síntoma que delata que ya voy dejando de ser joven, al menos en sentido estricto, es que cada vez valoro más la sabiduría del refranero español. El otro día estaba compartiendo con un amigo mis últimos descubrimientos sobre consejos de alimentación; pues aquello que yo había tenido que elaborar leyendo e informándome durante unos días lo resumía perfectamente un dicho que yo desconocía: la comida reposada y la cena paseada. Vamos, que cenar pronto y moverse después mejora la digestión y el sueño, algo que nuestros antepasados ya averiguaron y se encargaron de hacérnoslo saber a través de esa rima.

Es imposible dilucidar quién armó la frase por primera vez y cuándo lo hizo, o incluso si sucedió en varios lugares a la vez y versiones distintas se fueron mezclando y mejorando hasta el resultado final –que es lo que intuyo que pasa con la mayoría de refranes–. Lo que resulta evidente es que el esfuerzo colectivo de encapsular esa pizca de conocimiento y lanzarla en una botella al mar de la lengua es algo que debemos agradecer, y que deja constancia de algo en lo que hasta ahora toda la humanidad ha estado de acuerdo: que nuestros hallazgos sirvan para quienes vienen después de nosotros, que el mundo les resulte un........

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