De escribir y sus miserias
El 1 de mayo dista exactamente una semana y un día del Día del Libro. Casi parece una provocación. En España, nuestra sacrosanta novela, escrita a varias manos por los escribidores más fantasiosos del Estado, dice en su artículo 28.1 que «Todos tienen derecho a sindicarse libremente. La ley podrá limitar o exceptuar el ejercicio de este derecho a las Fuerzas o Institutos armados o a los demás Cuerpos sometidos a disciplina militar y regulará las peculiaridades de su ejercicio para los funcionarios públicos». Traducido: el derecho a la sindicación es casi universal, pero se exceptúan los cuerpos de jueces, magistrados y fiscales, y los miembros de las Fuerzas Armadas y otros cuerpos sometidos a disciplina militar. En la práctica: se habla de Sindicatos Policiales o de huelgas de togados, pero nunca jamás he escuchado yo que los escritores y escritoras nos pusiésemos en huelga. ¿Nuestros sindicatos? Mi animal mitológico favorito. Es cierto que tenemos asociaciones, pero una asociación no es lo mismo que un sindicato (a no ser que seas juez, claro).
Pero es que claro: ¿quién es nuestra patronal? Porque los únicos contratos que firmamos son los de “Edición de la obra”. Y si queremos pensión, hay que cotizar, así que nos damos de alta como autónomos. ¿Para trabajar en qué? ¿Para realizar qué oficio? El de escritora o escritor, dirán ustedes. Ya, pero es que hasta 2023 la Agencia Tributaria no tuvo un epígrafe en el Impuesto de Actividades Económicas con esta denominación. Antes estábamos en el........
