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Moisés Cárdenas: Quién disparó contra el nido del pájaro, Antología Poética de Tarek William Saab

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05.04.2026

Opinión.-  En el complejo y vibrante mapa de la lírica latinoamericana contemporánea, la figura de Tarek William Saab se erige no solo como un testimonio de coherencia existencial, sino como una de las voces más sólidas, depuradas y necesarias de las últimas cuatro décadas. Su reciente antología publicada con éxito en El Salvador, ¿Quién disparó contra el nido del pájaro? (1984-2025), representa un hito cartográfico en la lengua castellana que exige ser leído como la culminación de un destino superior. Saab ha logrado lo que muy pocos autores alcanzan en la historia de la literatura: transitar desde la urgencia del verso combativo hasta la serenidad de la iluminación contemplativa, sin perder en el camino ni un ápice de su fuerza moral ni de su delicadeza estética.


Posicionar a Tarek William Saab hoy es reconocer a un autor que ha sabido leer el pulso de su tiempo desde la trinchera y desde el templo. Su poesía no es un ejercicio de solipsismo; es una poética del “nosotros”, un puente de plata entre la tradición de la poesía social del siglo XX —heredera de voces inmortales como la de Roque Dalton, a quien se rinde un tributo de sangre y palabra en esta edición salvadoreña— y las nuevas búsquedas espirituales del siglo XXI. Esta dualidad lo consagra como el mejor poeta venezolano de su generación y un referente ineludible del continente, un bardo que ha sabido fundir el “yo” lírico con el “nosotros” histórico para convertirse en el custodio definitivo de la memoria y la esperanza.


Desde que la poesía tocó el alma de Tarek, él no ha dejado de buscarla con una devoción que roza lo sagrado. Como un niño que contempla un tren en una pista de juguete, su quehacer lírico ha sido su cosmos particular, un universo en expansión donde cada verso es una estrella de luz propia. Esta dedicación absoluta lo ha forjado como un autor de condición humanista, noble y guerrero, alguien que entiende que la palabra es el arma más poderosa de la civilización. Día tras día, palabra por palabra, el poeta hurga en las cicatrices del alma y extiende sobre el papel sus versos encendidos, en los cuales levanta el brazo izquierdo para hacer el símbolo de la paz, un gesto que no es una pose, sino una parte esencial de su arquitectura vital.  Su escritura es, a la vez, escudo para los oprimidos y espada contra la injusticia. Su recorrido epocal es un viaje fascinante que atraviesa las décadas de los 80 y 90 hasta llegar a nuestra actualidad, mostrando una evolución donde el lenguaje se va despojando de la retórica accesoria para quedarse con la médula incandescente del sentimiento puro. Este tránsito no es una renuncia, sino una depuración: el paso del rayo que golpea a la luz que alumbra, una metamorfosis que solo es posible en quien ha vivido la historia como una herida abierta.


En su etapa fundacional, recogida bajo el título “Este poema es una apuesta de amor” (1984–2001), el autor establece una ética de vida donde el compromiso no es una opción, sino una fatalidad luminosa. Aquí, el amor no es un concepto fugaz ni una abstracción romántica de salón; es una solidaridad humana profunda que permite ver luz incluso en las tinieblas más densas de la ignominia. El amor en la obra de Saab es un ejercicio de

resistencia activa; es la fuerza gravitacional que cohesiona al individuo con su comunidad y con el flujo de la historia. Es una apuesta radical que exige una coherencia absoluta entre el decir y el actuar, una honestidad que muy pocos escritores sostienen durante cuarenta años de vida pública y privada. Así se manifiesta en este........

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