No aguanta otro error de casting
Me preocupa Colombia, pero no como ejercicio retórico sino como convicción a partir de la revisión de las cifras que ningún discurso de campaña se atreve a pronunciar con la claridad que merecen. Y lo que veo en las calles, en las redes sociales y en los debates me genera una inquietud que no logro comprender: Colombia está eligiendo de nuevo con las emociones y no con la razón. Estamos escogiendo narrativas, no gestores. Estamos comprando esperanzas, no soluciones. Y no podemos darnos ese lujo.
Los números del país asustan. El déficit fiscal que encontrará el próximo presidente es el más alto en ciento veinticinco años de historia republicana. La deuda pública ya supera el 64% del PIB y crece de manera insostenible. El Estado colombiano está pagando tasas de interés cercanas al 15% para conseguir financiamiento en el mercado: eso significa que por cada cien pesos que el Estado pide prestados, tiene que devolver quince solo en intereses, cada año. Y ese dinero vendrá de los presupuestos destinados a hospitales, escuelas y vías que nunca se........
