La cultura del atajo y el desafío del nuevo gobierno
Aunque no es lo deseable y correcto hay que reconocer que en todos los gobiernos se presentan hechos de corrupción. Algunos alcanzan mayores dimensiones que otros y no todos son investigados, conocidos o divulgados con la misma intensidad.
El avance de las comunicaciones, el periodismo digital, las redes sociales y los sistemas de información permiten hoy descubrir conductas que en otras épocas habrían permanecido ocultas. Por eso, una mayor cantidad de denuncias no necesariamente significa que antes hubo menos corrupción: también puede significar que existían menos instrumentos para documentarla y hacerla pública.
Sin embargo, reducir el problema a los funcionarios que se apropian de los recursos del Estado sería desconocer una realidad mucho más profunda.
Colombia enfrenta una cultura del atajo que se ha extendido durante décadas y que convirtió el enriquecimiento rápido, la ostentación y el acceso al poder en medidas equivocadas del éxito.
El narcotráfico tuvo una responsabilidad decisiva en esa transformación. No solamente inundó el país de violencia y dinero ilegal, sino que impuso un modelo social: hacerse rico y poderoso en el menor tiempo posible, sin importar los medios empleados. La fortuna dejó de ser admirada por el trabajo que la producía y comenzó a ser admirada simplemente por su tamaño. Para muchos, la pregunta dejó de ser cómo se obtuvo el dinero y pasó a ser cuánto dinero se tenía.
Esa cultura encontró terreno fértil en el clientelismo, la desigualdad, la impunidad y la falta de oportunidades. Cuando el ciudadano observa que quien cumple las reglas avanza lentamente, mientras quien tiene contactos, paga sobornos o se asocia con el poder obtiene contratos y posiciones, termina recibiendo un........
