Exacciones
20 de marzo 2026 - 03:08
Algunos somos conscientes de lo importante que son los impuestos para que una sociedad funciones, puesto que hay servicios públicos que se deben sostener y mantener, y ello puede conllevar cierto malestar en determinados ciudadanos, sobre todo los que pagan y pagan y no ven resultados óptimos, sino todo lo contrario, con zancadillas incluidas. Algunos nos preguntamos cómo puede seguir tirando esa tienda o aquel negocio. Son los pequeños empresarios y autónomos los que sufren semejante desvarío, especialmente cuando la cosa pasa de castaño oscuro. Hay municipios como Fuengirola y Estepona que prosperan día a día porque sus gestores son dignos de encomio. En cambio, existen otros, que no voy a nombrar por decoro, dentro y fuera de la provincia que sablean a sus pequeños autónomos con leoninos impuestos. Hay una ciudad, por ejemplo, que ha aplicado una tasa especial de basura industrial a sus pisos turísticos, sí, a esos que son legales y tienen todo el papeleo en regla. Los turistas no comen en la casa, están todo el día fuera. Los desperdicios que generan son prácticamente nulos, mucho menos que una familia estándar. Dicho impuesto ha sido aplicado de forma retroactiva. El colmo. Ya sabemos que los alquileres están fuera de órbita, si a ello le añades impedimentos para otorgar la licencia, los dueños trabajan para sobrevivir. Como este amigo que tiene un negocio precioso de venta de muebles antiguos por la provincia de Cádiz y, cuando ha cumplido el último requisito, el ayuntamiento le exige una última exigencia: un muro contra incendios en el sótano. El dueño del local se niega a construírselo y la broma le cuesta más de tres mil euros. ¿Qué será lo siguiente?, se pregunta angustiado. Como el “Vuelva usted mañana” de Larra, pero versión asalto a mano armada.
Este desvarío lo comprobamos también a nivel nacional. Infraestructuras que se caen a pedazos, colas interminables en los hospitales o ratios asfixiantes para médicos y profesores. Cuando se comprueba que los impuestos siguen subiendo, que no se emplean adecuadamente y no se cuida a los que sostienen la economía de un país, autonomía o municipio, el descontento aumenta en la misma proporción. Luego nos llevaremos las manos a la cabeza cuando veamos que ascienden vertiginosamente otros partidos no tan democráticos. Pero la gente ya está harta y necesita un cambio: piensan que peor ya es imposible.
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