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¿Y ahora quiénes pagarán todo este desastre?

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18.06.2026

¿El Gobierno? ¿El Estado? ¿Los cocaleros? ¿Los grupos afiliados a la COB y su máximo dirigente, Mario Argollo? ¿Los interculturales? ¿Los marchistas? ¿Los bloqueadores? ¿Los subversivos de San Julián? ¿Evo Morales y sus hordas? ¿Los miembros de la agrupación Tupac Katari? ¿Los ponchos rojos? ¿El narcotráfico? ¿Los que destruyeron las carreteras abriendo profundas zanjas, no solo en los caminos, sino también en el tejido social y económico del país?

La respuesta es mucho más cruel y, al mismo tiempo, mucho más predecible. Ninguno de ellos pagará realmente la factura de este desastre. La pagarán quienes siempre terminan pagando las crisis bolivianas: los más pobres, los emprendedores, la empresa privada, los productores agrícolas y pecuarios, el transporte pesado, las pequeñas empresas familiares, los profesionales independientes, los estudiantes y los jóvenes que todavía creían que existía un haz de luz al final del túnel.

Ellos ya están pagando.

Después de 49 días de secuestro del país, el descalabro es total. Bolivia permanece exactamente en el mismo punto donde comenzó esta tragedia: sin solución, sin horizonte, sin certezas y con una pregunta gigantesca suspendida sobre el futuro nacional. ¿Qué pasará con Bolivia?

Lo más preocupante es que el desastre parece haberse normalizado. Hace semanas que el país observa videos de camioneros atrapados en las carreteras, solicitando agua, alimentos y medicamentos. Hace semanas que productores pierden cosechas, comerciantes ven desaparecer sus ingresos y empresas paralizan operaciones. Hace semanas que la economía acumula pérdidas millonarias. Sin embargo, el impacto emocional y político de estas historias parece haberse diluido.

Lo extraordinario se convirtió en cotidiano.

La tragedia dejó de sorprender. Y cuando una sociedad comienza a acostumbrarse al deterioro, corre el riesgo de perder su capacidad de indignación.

Mientras tanto, desde el poder se percibe una actitud de desconcertante pasividad. El Gobierno de Rodrigo Paz parece observar los acontecimientos con una obsecuencia preocupante frente a quienes mantienen al país paralizado. El silencio oficial se ha vuelto ensordecedor. La capacidad de reacción parece haberse reducido a declaraciones, llamados al diálogo y........

© Los Tiempos