No es su casa
La solidaridad que se impone con las llaves ajenas acaba cerrando la puerta a quienes buscan una vivienda.
Hay una forma de ganar una discusión sin argumentar nada: colocar delante de las cámaras a una anciana de 87 años y señalar como un monstruo a cualquiera que pregunte de quién es la vivienda. Los contratos estorban, las sentencias molestan y la propiedad privada se convierte en una obscenidad. Basta iluminar un rostro para dejar a oscuras todo lo demás.
Tengo empatía por Maricarmen, porque abandonar el lugar donde ha transcurrido toda una vida debe de ser enormemente doloroso. Pero más empatía me despiertan los millones de españoles que pagan precios desorbitados y cuya angustia no consigue abrirse paso entre las pancartas: el joven que no puede independizarse, la pareja que aplaza el ser padres, el obrero que vive a una hora de su trabajo… También ellos sufren las consecuencias de debilitar la propiedad privada y convertir la seguridad jurídica en una promesa cuyo cumplimiento puede tardar años.
Una vivienda alquilada es el hogar del inquilino, al que amparan sus derechos mientras subsiste el arrendamiento, pero los recuerdos no transforman un contrato en una escritura de propiedad. Las paredes pueden guardar una vida entera sin pertenecer a quien la vivió entre ellas.
Maricarmen residía desde 1956 en un piso cercano al Retiro por unos 500 euros mensuales. El litigio sobre la........
