Cuando el relato sustituye a los hechos
Foto de archivo de fake news / EFE
Decíamos en otro artículo que el autoritarismo competitivo alcanza el poder y se mantiene en él polarizando a la sociedad, promoviendo percepciones erróneas a través sobre todo de internet y, más concretamente, de las redes sociales.
Sus agentes juegan con la ventaja de que la mayoría de los internautas, cuando leen una información, no la contrastan y, aunque sea parcial o sesgada, sus cerebros saltan directamente a las conclusiones. Se da por buena la percepción, aunque no sea real.
Un ejemplo: al leer que «la inmigración es la causa del aumento de la delincuencia», hay quienes reaccionan rechazando la idea porque saben que los datos objetivos la desmienten; sin embargo, otros lectores saltan directamente a las conclusiones porque les encajan con su patrón mental y los datos les importan poco o nada. Es el sesgo cognitivo de confirmación.
La cuestión, por tanto, no es si existen bulos, sino cuánta gente los teme, dónde cree que circulan y a quién atribuye su fabricación.
En el Digital News Report España 2025 (encuesta online de YouGov; trabajo de campo a finales de enero de 2025), el 69% de los españoles declara preocupación por los bulos en internet y el 73% identifica redes sociales o plataformas de vídeo como principales vehículos de desinformación (33% mensajería instantánea; 25% webs de noticias; 15% buscadores); además, sitúa a los políticos nacionales como la principal amenaza desinformativa (57%). Y en el Barómetro UTECA 2025 sobre la percepción social de la televisión en abierto (Sigma Dos y Dos 30;........
