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La peor alternativa para Alemania

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09.09.2026

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Ganó la ultraderecha. No es que nadie esperara lo contrario, pero tampoco cabe ya la nostalgia de la Alemania de posguerra fría, ni siquiera la de Merkel. El año pasado, en una de tantas historias, una panadería en Tubinga comenzó a vender los panecillos dilectos de la era nazi: un conejito conduce un tanque, otro opera un obús. Esos destellos, que antes eran impensables, ahora son la normalidad. Reto a quien no esté muy familiarizado con Alice Weidel y Tino Chrupalla, líderes del partido AfD (Alternativa para Alemania) a leer sus biografías. Son una colección de tropos desgraciadamente comunes: las élites oprimen y engañan, no somos escuchados, nos invaden…

La novedad aquí es que sucede en el país sobre el que todos tenemos enormes dudas de si conviene verlo militarizado y además en franca deriva hacia imaginarios fascistas: la peor combinación posible. Pero desde 2017, AfD coquetea abiertamente con el rostro más repelente  de Alemania. En ese año, obtuvo 94 escaños en la cámara baja. Hoy en día tiene 152 diputaciones (de un total de 630) y este domingo obtuvo su primera gubernatura.

De hecho, si las elecciones federales fueran hoy, ganarían. Cabe preguntarse: ¿qué sucedió? Pienso como posible punto de partida el influjo de alrededor de un millón de refugiados sirios en 2015. Este enorme esfuerzo fue piloteado por Merkel con gran pericia política y visión humanitaria. La gran mayoría de los refugiados fueron absorbidos sin problema. Pero la incómoda cercanía con el otro levantó las trompetas de la fatalidad una vez más.

Porque si de lugares comunes hablamos, no deja de sorprender que los mismos discursos encontrados desde la ópera barroca de Handel hasta ya entrado el siglo XIX con Rossini, ese ridículo terror por el extraño “monstruo islamista” (Žižek dixit) o el africano indomable, siguen fomentando una identidad que se empecina en presentarse como separada de su propia historia, incluida la colonial. No........

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