Accionistas de nuestra obsolescencia
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Más de 200 economistas, entre ellos 16 premios Nobel, han lanzado una advertencia que suena más a cuenta regresiva: la inteligencia artificial podría desplazar a millones de trabajadores en cuestión de años y no de décadas. La realidad es que las sociedades no tendrían tiempo de reinventarse. El peligro más inminente no es una “rebelión de las máquinas”, sino la llegada demasiado rápida del futuro a instituciones construidas para avanzar progresivamente. Sam Altman parece haberlo entendido antes que nadie: ha planteado entregar al gobierno de Estados Unidos una participación de 5% en OpenAI y convencer a otras grandes empresas del sector de hacer lo mismo. Las acciones alimentarían un fondo público inspirado en Alaska, que invierte la riqueza petrolera y reparte dividendos entre sus habitantes; Altman, en cambio, propone repartir una fracción de la riqueza que las máquinas harán brotar del conocimiento humano.
Pero el empleo quizá sea apenas la primera capa visible de una transformación más profunda. Yuval Noah Harari, quien se define no como un historiador del pasado, sino como un estudioso del futuro, advierte que el mayor impacto de la inteligencia artificial podría producirse sobre la confianza.
Las sociedades modernas existen porque aprendimos a confiar en desconocidos: depositamos dinero en bancos, firmamos contratos con personas cuyos rostros quizá nunca veremos y entregamos bienes a cambio de promesas que se cumplirán más adelante. El dinero, después de todo, no es más que un pacto colectivo: lo aceptamos hoy porque confiamos en que alguien más lo aceptará mañana.
Pero el traslado de esa confianza ya comenzó y, para Harari, entregar el control de buena parte del sistema financiero a sistemas de inteligencia artificial parece casi inevitable. No porque los algoritmos vayan a tomar los bancos por asalto, sino porque pronto podrán observar la economía mundial con una profundidad imposible para cualquier ser humano. Mientras una mente humana solo puede relacionar un número limitado de variables, una inteligencia artificial puede cruzar millones de variables simultáneamente y en tiempo real, descubrir patrones ocultos por la complejidad y redibujar el panorama con cada nuevo dato. Frente a esa mirada, nuestro entendimiento podría parecer un mapa dibujado a mano frente a una imagen satelital. Las criptomonedas acaso serán el primer ensayo de esa transferencia. Harari las llama “dinero de la inteligencia........
