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Pierre et Gilles: conversación intervenida

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07.01.2026

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Toda exposición representa al menos dos diálogos: el que tiene el espectador con las obras –que es, al mismo tiempo, el que sostiene con los artistas– y el que tienen las obras entre sí. Cuando visité Pierre et Gilles. La construcción del símbolo en el Museo Franz Mayer caí en cuenta a la mitad del recorrido de que mi interlocutor no era ni el fotógrafo Pierre Commoy (La Roche-sur-Yon, 1950) ni el pintor Gilles Blanchard (Le Havre, 1953), sino el curador de la muestra, Abraham Villavicencio.

El curador, conocido como “comisario” en algunos países, es el mediador de una serie de acuerdos que suceden tras bambalinas antes de montar la muestra. Generalmente, estos incluyen, pero no se limitan a ello, cuestiones como: lidiar con el director del museo para proponer la exhibición de tal o cual artista; convencer a distintas organizaciones para conseguir financiamiento o apoyo; localizar y contactar a los coleccionistas que poseen las piezas que se van a exponer; negociar las condiciones en que esto se hará, etcétera. La parte más atractiva del trabajo curatorial es, justamente, la selección de artistas, piezas, y la disposición del orden en el que se mostrarán a la audiencia. Un exquisito ejercicio de autoridad que, hasta hace relativamente poco, se encontraba lejos de la conciencia popular.

El cambio comenzó a finales del siglo pasado, el crítico Michael Brenson captó el fenómeno tempranamente y tuvo a bien denominarlo “el momento del curador”. En su ensayo del mismo nombre (en inglés “The curator’s moment”, 1998) argumentaba que eran ahora los curadores quienes se encontraban en el centro de las exposiciones, relegando a un segundo plano la intención que los........

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