Bastante paraíso XXIV. El coche nos deja tirados
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Después de un acelerón un poco forzoso para incorporarnos a la autopista, saltó una alerta del coche. Fallo de motor, decía, después de los pitidos que normalmente adviertes de que se ha encendido la reserva o el coche considera que no estamos siguiendo el trazado de la carretera. Fallo motor, le dije a mi novio. En la pantalla pone fallo motor. Era como si el coche no lograra coger fuerza. Nos paramos en una salida y mi novio abrió el capó. Los niños preguntaban qué era lo que pasaba. No lo sabemos, les dijimos. Habíamos ido a Zaragoza de manera un poco improvisada: vemos a las familias y cogemos las herramientas. No habíamos firmado todavía la compra de la casa pero sí habíamos dado la entrada así que era cosa segura. El maletero del coche iba a rebosar de cajas de herramientas que a mí me parecían todas la misma y un par de bolsas de libros que había recuperado de nuestro trastero en Zaragoza: libros para mí, libros para los niños, cuadernos y cartulinas de colores para los niños, algo de ropa…
Siempre que vamos a Zaragoza, entro en el trastero y ojeo los lomos de los libros, rebusco entre la ropa guardada en bolsas o muevo........
