El dilema de Claudia Sheinbaum
Por Luis Rubio, presidente del grupo de expertos México Evalúa. Escribe una columna semanal en el periódico Reforma y es autor y editor de decenas de libros, entre ellos Unmasked: López Obrador & The End of Make-Believe, publicado por el Wilson Center. Artículo originalmente publicado en Americas Quarterly.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se encuentra atrapada entre tres fuerzas contrapuestas: su predecesor, el presidente Donald Trump, y sus propios instintos ideológicos. Durante un tiempo, pareció capaz de manejar las tres. Pero con el tiempo, cada una comenzó a exigir toda su atención. En lugar de elegir un camino -o idear una estrategia que ampliara sus opciones-, ha seguido hundiéndose cada vez más en un abismo político sin una salida clara.
Lo que distingue a Sheinbaum en la historia presidencial mexicana moderna es que se ve a sí misma principalmente como una administradora: la responsable del proyecto político de Andrés Manuel López Obrador, más que como la artífice de uno propio. Si bien ha introducido nuevas políticas y modificado aspectos del estilo de gobierno de Morena -siendo la política de seguridad el ejemplo más claro-, ha hecho poco esfuerzo por construir una base política independiente o definir una visión de gobierno que lleve su propia impronta y legado.
Esta peculiaridad ahora tiene graves consecuencias. En primer lugar, su gobierno ya se siente viejo, lastrado por los errores y asuntos pendientes de la administración anterior, en lugar de estar impulsado por una agenda nueva. En segundo lugar, y lo que es más perjudicial, carece de la flexibilidad política necesaria para afrontar el creciente número de crisis en las que el legado de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se ha convertido más en un lastre que en una ventaja.
La popularidad de Sheinbaum, aunque todavía relativamente buena para los estándares internacionales, se basa en dos pilares cada vez más frágiles. Primero, su capacidad para comunicarse con la base de........
