“Es la tormenta perfecta para el populismo en América Latina”
Diez años antes de interceptarlo y llevarlo al exilio, Nayib Bukele quiso comprarle a Carlos Dada El Faro, el medio independiente de El Salvador que dirige y fundó. Dada cuenta que 22 de sus periodistas fueron interceptados con Pegasus, el software espía israelí, por un gobierno que hoy, argumenta, es una dictadura.
En esta entrevista con La Silla Vacía, Dada habla desde Europa sobre cómo fue el ascenso y la deriva autoritaria de Bukele. El periodista de 55 años, ganador del premio María Moors Cabot de la Universidad de Columbia, reflexiona sobre el clima político en América Latina con Trump, y cómo la eficiencia en la lucha contra el crimen se logró a cambio de ceder derechos básicos en El Salvador.
Bukele es un presidente popular no solo en su país, sino también en América Latina. Es admirado por aspirantes colombianos a la presidencia como Abelardo De La Espriella y Vicky Dávila. Sin embargo, cuenta que la violencia de las pandillas está hoy siendo reemplazada por la violencia estatal y la ausencia de libertades y Estado de Derecho.
La entrevista la hicimos unos días antes de la captura de Maduro por parte de Estados Unidos.
Colombia llega a unas elecciones en medio de una gran polarización. ¿Ve alguna similitud con 2019, cuando Nayib Bukele ganó por primera vez la presidencia en El Salvador?
En El Salvador, la gente votó por la izquierda por primera vez en 2009, profundamente desencantada de la derecha y de la corrupción. Algo parecido ha ocurrido en Colombia: Petro es el primer presidente de izquierda del país. En El Salvador, sin embargo, la experiencia de la izquierda solo profundizó el desencanto ciudadano. Entonces la gente decidió votar por un candidato populista distinto, que prometía derribar el sistema. Hasta ahí me atrevería a trazar un paralelo con Colombia. A partir de ahí, prefiero hablar solo del caso salvadoreño.
¿Cómo ve la influencia que ha tenido Donald Trump? El continente se está moviendo no solo a la derecha, sino a una derecha cada vez más populista
Sin duda, eso ha transformado por completo el tablero político. Trump está cruzando límites que no veíamos desde hace mucho tiempo. Basta mirar su influencia en la reciente elección Hondureña, donde llegó al punto de liberar a un narcotraficante condenado en Estados Unidos, el expresidente Juan Orlando Hernández, y de amenazar abiertamente a la población: si no votaban por determinado candidato, no volverían a ver un solo centavo de ayuda estadounidense.
Estamos regresando a épocas de injerencia norteamericana que antes se denunciaban como imperialismo. Y creo que eso ha servido para legitimar propuestas políticas que, hasta hace no mucho, habríamos considerado impensables. Pero esto va de la mano con otra cosa: la decepción ciudadana frente a proyectos políticos que no han tenido impacto real en la vida cotidiana de la gente.
No voy a entrar en los casos de Colombia, Chile o Perú, porque son distintos y tienen liderazgos y trayectorias muy diferentes. Pero en varios países hemos visto proyectos de izquierda que, por razones diversas, han generado desencanto precisamente por esa falta de impacto concreto. Ese desencanto abre la puerta a estas alternativas autoritarias.
¿Por qué creo que estos proyectos son, en el fondo, una mentira? Por lo que vamos a hablar: el gran “éxito” de Bukele —el combate a las pandillas— está montado sobre una gran mentira: su pacto con las pandillas, que viene de mucho tiempo atrás.
Además, Bukele, a diferencia de figuras como Kast o Milei, no tiene un proyecto ideológico ni una utopía política. Puedo decir que Bukele no actúa desde una convicción doctrinaria: lo mueve una ambición de poder y de dinero, y lo que está haciendo es una sustitución de élites.
Colombia, además, ya tuvo un primer susto en la elección anterior, cuando Rodolfo Hernández estuvo a minutos de ganar con un discurso abiertamente populista que se resquebraja con un cuestionamiento mínimo. Lo que se quiebra ahí es el discurso, no necesariamente el proyecto, porque esto es mucho más complejo y hay muchos factores en juego.
Desde mi punto de vista, todo esto ocurre en un momento histórico muy particular: estamos construyendo sociedades que cada vez son........
