Del disfraz al interfaz
Hubo un tiempo en que la seguridad se medía exclusivamente en cerrojos y donde perder las llaves de casa suponía la peor de las hecatombes. Cuando la amenaza tiene cuerpo, presencia e incluso horario, puede colarse por las rendijas físicas y obligar a mirar dos veces antes de acostarse. Hoy, sin embargo, aunque seguimos cerrando con cuidado la puerta del hogar, dejamos abiertas, de par en par, otras muchas que no vemos.
La ciberdelincuencia no necesita forzar nada. Ni hace ruido ni rompe cristales, como tampoco deja huellas visibles en el suelo. A veces basta con un correo electrónico, un simple mensaje breve o una llamada que parece rutinaria. Al otro lado no hay prisa ni violencia, solo paciencia y una certeza: que, en algún momento, alguien abrirá. Porque ya no se trata de derribar la puerta. Recuerda a las leyendas sobre vampiros, que necesitan invitación para entrar.
Los........
