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Putin olfatea nuestra debilidad

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05.06.2026

Hace una semana, la madrugada del 29 de mayo, un dron ruso Geran-2 cargado con unos treinta kilos de explosivos impactó contra un edificio residencial de diez plantas en la ciudad de Galati, en Rumanía. Es una localidad bastante grande, situada a escasos kilómetros de la frontera ucraniana. La deflagración hirió levemente a una mujer y a su hijo, provocó un incendio y obligó a evacuar a decenas de vecinos. Rumanía, país miembro de la UE y de la OTAN, no sufrió el viernes una simple “incidencia técnica” sino una agresión rusa en zona habitada, un ataque en toda regla. Que no se produjeran muertes fue un milagro y no puede considerarse un atenuante. Conviene decirlo con la más absoluta claridad: lo sucedido no fue de ninguna manera fortuito. Rusia ha violado el espacio aéreo rumano decenas de veces desde 2022, como también el de Polonia y otros países. Las autoridades rumanas han identificado restos de drones en su territorio en casi cincuenta ocasiones. Ésta vez no cayó un fragmento en una zona rural, sino un dron de ataque completo, orientado a un bloque de viviendas. Pudo haber una auténtica masacre.

Moscú tantea y espera. Mide tiempos de respuesta, y grados de contención y de nerviosismo. Observa si Europa sólo protesta o se decide por fin a........

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