Guerrero, entre sismos y ciclones
El pasado viernes 2 de enero, Guerrero volvió a temblar. El epicentro se localizó en San Marcos, un municipio costero que se encuentra a poco más de 30 kilómetros de Acapulco; es decir, muy cerca de la zona turística, incluida Playa Diamante. Esa cercanía explica por qué el movimiento se sintió con mucha fuerza en el puerto; el sismo se percibió en otras partes del país, como la Ciudad de México, sin la intensidad de Guerrero.
Ese mismo día y para entender qué especificaciones tuvo ese sismo, platiqué con el doctor Leonardo Ramírez Guzmán, coordinador de Ingeniería Sismológica del Instituto de Ingeniería de la UNAM.
Me explicó que se trató de un sismo de tipo inverso, característico de la costa de Guerrero.
En estos eventos, la masa continental se desplaza hacia arriba, mientras la placa oceánica se mueve hacia abajo. Es el comportamiento típico de la zona de subducción, donde la placa de Cocos se introduce debajo de la placa Norteamericana.
Y es que Guerrero se ubica justamente sobre esta franja sísmica, por eso los temblores son constantes. Pero este sismo tuvo una particularidad: fue muy somero. La profundidad estimada fue de alrededor de cinco kilómetros, lo que provoca movimientos mucho más intensos en la superficie. Cuando un sismo ocurre tan cerca del suelo, la sacudida se percibe con mayor fuerza, incluso a grandes distancias, como ocurrió en la Ciudad de México.
El doctor Ramírez Guzmán explicó que, aunque se dan coordenadas precisas del epicentro, siempre existe un margen de incertidumbre, ya que la zona de ruptura puede abarcar varios kilómetros. Aun así, confirmó que el área afectada se encuentra muy próxima a las playas de Acapulco, lo que elevó la percepción del movimiento.
Respecto a las réplicas, señaló que son normales y esperables en este tipo de sismos. Por definición, suelen ser de menor magnitud, pero no por ello deben ignorarse. Hasta el momento de la........
