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Manizales educa, pero falta liderazgo

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15.02.2026

Imagina a un niño de un colegio público en Manizales programando su primer robot o debatiendo geopolítica en un modelo de Naciones Unidas. La ciudad respira hoy una efervescencia educativa impulsada por fundaciones, universidades y maestros valientes; una fuerza transformadora que avanza, pero falta más dinamismo oficial. Manizales educa hoy con vigor, pero lo hace a pesar de una Secretaría de Educación que parece haber extraviado la brújula del liderazgo. Esta vibrante actividad no es invisible. El premio “Periodismo que Educa” -esfuerzo de la Fundación Lúker y el Grupo Chec-EPM- ha premiado recientemente trabajos que visibilizan esta metamorfosis. Haber sido finalista en la categoría de Opinión Profesional me permitió confirmar una realidad agridulce: la conversación sobre la educación está más viva que nunca en la ciudad, pero languidece en los despachos gubernamentales desde donde muchas veces se limitan solo a aportar recursos. Los ejemplos de este pulso vital sobran. El proyecto Codefest (alianza entre la Fundación Lúker y el British Council) ha puesto la inteligencia artificial, la robótica y la realidad virtual en manos de estudiantes que antes veían estas herramientas como un privilegio inalcanzable. A esto se suma el hito del Instituto Universitario y la Universidad de Caldas, que graduaron a la primera promoción de bachilleres con doble titulación en Marketing Digital, derribando por fin el muro que separa la escuela del mundo laboral. La equidad también tiene rostro: el de la profesora Ángela Usma y sus estudiantes. Desde el Instituto Técnico Francisco José de Caldas lideraron el primer modelo de Naciones Unidas para colegios públicos, demostrando que la excelencia no es exclusividad de la élite privada. Es el mismo espíritu de base que llevó a Fecode a organizar el tercer congreso pedagógico que en Caldas, liderado por Educal, recorrió municipios y veredas, convirtiéndose en un referente nacional de organización docente y liderazgo pedagógico. Sin embargo, este ecosistema de progreso choca de frente con una gestión institucional que se siente pequeña. Mientras la sociedad civil innova, la Alcaldía se limita a reportar una inversión de 16 mil millones de pesos en infraestructura. Seamos claros: mantener los techos es una obligación legal básica, no un avance visionario. La falta de liderazgo y de gestión de la Secretaría en los hitos transformadores es notoria; no existe un proyecto insignia de esta Secretaría ni una política de calidad que respalde el esfuerzo titánico de los maestros. Es hora de ejercer un control político y ciudadano firme sobre una dependencia que no está a la altura de la tradición educativa de Manizales. Nuestra ciudad no puede permitirse que el talento de su juventud y el compromiso de sus docentes sigan pedaleando solos. Necesitamos que el liderazgo oficial deje de ser un espectador de piedra y se convierta, de una vez por todas, en el motor que nuestra historia nos exige.


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