Cuando el patrimonio también es social
En tiempos de estrechez fiscal, es comprensible que el Estado acuda a instrumentos extraordinarios para sostener sus obligaciones. El Impuesto al Patrimonio responde a esa lógica, una medida excepcional para una coyuntura exigente. La pregunta de fondo no es si el Estado debe recaudar más, sino cómo lo hace y qué efectos produce en el tejido que sostiene el desarrollo. Ahí es donde el diseño empieza a mostrar sus límites.El principio de que “quien más tiene, más aporta” es razonable. Pero el patrimonio no es una categoría homogénea. Detrás de ese concepto conviven realidades distintas, empresas que han crecido a partir de reinversión y generación de valor en el tiempo, y organizaciones sociales que han construido activos para sostener intervenciones de largo aliento. En ambos casos hay algo en común que suele pasar desapercibido........
