Gustavo Tovar-Arroyo: Irán y Venezuela: el teatro del silencio (3ª parte)
La sangre olvidada
Irán arde en sus hogares, no sólo en las pantallas del mundo. Arde en silencio, como arden los cuerpos cuando la historia decide no mirarlos. Jóvenes colgados de grúas, mujeres sentenciadas por un mechón de cabello, estudiantes desaparecidos por pensar. Décadas de represión convertidas en rutina. La sangre ha corrido tanto que ha dejado de importar. Y lo más atroz no es la muerte: es la costumbre de matar sin represalia. Decenas de miles de muertos a manos de la tiranía iraní y nadie protesta, nadie.
La izquierda demanda “soberanía nacional”, pero calla ante el horror mortal y sistemático de la teocracia iraní. Nadie marcha contra ellos. Nadie los menciona. El silencio es su forma de complicidad.
La izquierda no sólo es cómplice, ignora la muerte de la juventud iraní porque en el fondo desea que se repita.
La “revolución” iraní devoradora de hijos
Desde 1979, la revolución iraní prometió redención, pero entregó miedo, o mejor, organizó las diferentes capas del miedo. Lo que comenzó como una revuelta contra el autoritarismo terminó en una teocracia que lo terminó........
