Se ha ido tó al pijo
Imagen Se ha ido to al pijo
Mi padre veía en silencio las noticias por la televisión sentado en su sillón rojo de escay. Las escuchaba con un rictus de hastío y no tomaba partido ni levantaba la voz para quejarse. Dejaba que las imágenes se sucedieran una tras otra como pasan las nubes cargadas de piedra, con una mezcla de incredulidad y un ubicuo cansancio existencial. Y entonces, de pronto, decía, sentenciaba a modo de balance o de pedagogía:
-Se ha ido tó al pijo.
Aquella expresión suya no era una blasfemia, era una síntesis. No se refería nunca a un gobierno concreto, ni a un escándalo nuevo y puntual, ni siquiera a algo del presente mediato o inmediato. No hablaba del ahora, sino del desajuste profundo entre lo que él había aprendido y vivido como mundo y lo que tenía cada día delante de los ojos.
Enseguida comprendí que ese «Se ha ido tó al pijo» no quería decir que todo fuera a peor, solo quería decir que ya no se entendía. Era una frase sin ideología, sin consigna, sin programa, porque mi padre se había dedicado toda su vida a trabajar en la huerta, a vestirse con traje para jugar al dominó los fines de semana en el Dulcinea y a comprar machacos de vuelta a casa en la confitería de Las........
