Tener siempre a mano el mar
Una pareja de jubilados descansa en la playa / M.J.GIL/Europa Press
Cuenta una buena amiga que la primera vez que salió de la ciudad en la que nació, donde ahora vive, sintió que le faltaba el aire, le costaba tanto respirar como cuando sufre un ataque de asma.
La asfixia se debía a que no veía el mar, el lugar al que sus padres la habían llevado en un viaje familiar en coche por las carreteras de una Castilla que entonces se apellidaba La Vieja estaba en el interior, carecía de la costa que ella estaba acostumbrada a recorrer, sus acantilados quebrados, sus playas de arena fina rodeadas de dunas que en las excursiones escolares ascendía con sus compañeras como si fueran montañas, sus aguas enfurecidas, siempre frías, sus fuertes mareas, sobre todo las de septiembre, su olor a........
