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A las 00:05 del 1 de enero ya hay gente decepcionándose con entusiasmo. El año apenas ha abierto los ojos y nosotros ya estamos firmando contratos con el futuro: gimnasio, dieta, lista, reinicio. Como si cambiar el número bastara para cambiar la vida.
Yo también caigo. Me descubro deslizando el dedo por la pantalla: una noticia, un vídeo, una indignación prestada, un chiste fácil. Y luego digo que no tengo tiempo. Pero el año no empieza en el calendario.
Empieza en la atención: en ese gesto mínimo —casi clandestino— de decidir, sin decidirlo, qué miras, a qué le das minutos, qué te llevas a la cama. La atención es un mapa: acabas viviendo donde miras. Se nos va la vida en lo que miramos sin querer.
Por eso enero está lleno de colas.........
