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Siete nuevos sacerdotes para la Iglesia de Asturias: "Os aseguro que no lo tendréis fácil", les advierte el Arzobispo de Oviedo

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24.05.2026

Siete nuevos sacerdotes para la Iglesia de Asturias: "Os aseguro que no lo tendréis fácil", les advierte el Arzobispo de Oviedo

La ceremonia, de una gran solemnidad, duró cerca de tres horas y se celebró en una Catedral a rebosar de familiares, amigos, religiosos y seminaristas y fieles

Los nuevos diáconos y presbiteros en la Catedral, durante el ceremonial de ordenación. / Juan Plaza

Elena Fernández-Pello

Oviedo estaba entregada al tardeo dominical, cuando el repique de las campanas de la Catedral se extendió por el Antiguo y las calles próximas. Era el anuncio de una de las ceremonias más solemnes y cargadas de transcendencia de la Iglesia católica, la ordenación de nuevos sacerdotes y diáconos. En este caso se trataba de siete presbíteros, dos diáconos y dos diáconos permanentes, procedentes del Seminario Metropolitano de la Asunción, el Seminario misionero diocesano Redemptoris Mater San Melchor de Quirós y en el Seminario de la comunidad Lumen Dei.

“Seréis heraldos de la fraternidad que nos hermana contra viento y marea en este mundo contradictorio enfrentado a Dios y enemigo del hombre”, les anunciaría el Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, llegado el momento de la homilía. “Vuestro ministerio irá contracorriente y apareceréis ante tantos como signo de contradicción amable y profética, capaz de anunciar la esperanza que nos salva y bendice, denunciando los desmanes malditos que nos desesperan. Os aseguro que no lo tendréis fácil”, les advirtió.

A las seis en punto de la tarde salió de la sacristía, en procesión por el interior de la basílica de San Salvador, la comitiva formada por los seminaristas y diáconos que iban a ser ordenados, más un centenar de sacerdotes de la diócesis y de fuera de ella, el deán de la Catedral, Benito Gallego, y el Arzobispo tras ellos. Avanzaron por la nave lateral y el pasillo central, hasta llegar a los pies del Altar Mayor, donde se dispersaron. Los canónigos se sentaron en el coro, los sacerdotes ocuparon las bancadas laterales y los aspirantes quedaron frente a frente al Altar Mayor y al Sagrario.

La Catedral estaba a rebosar de familiares, amigos, religiosas, seminaristas y fieles, como no muy a menudo se ve. La........

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