La crisis de la realidad
¿Cuáles son sus expectativas para esta semana en cuanto a las relaciones ruso-chinas, en el contexto del triángulo Rusia-China-EEUU, y a escala global en general?
Vivimos en una época (hemos estado hablando de esto constantemente, y en los últimos años con creciente responsabilidad y perspicacia) en la que la importancia de este momento histórico es la transición de un mundo unipolar a uno multipolar. Esta transición es difícil y dramática. Estamos constantemente al borde de una guerra nuclear, ya que Occidente se niega a renunciar a su hegemonía global que había estado consolidando desde 1991. En aquel entonces, tras el colapso de Rusia como estado soberano, reconocimos al mundo occidental como nuestra metrópoli, aceptando efectivamente el estatus de colonia. Queríamos ser vasallos leales, pero nos trataban como esclavos.
Occidente se ha acostumbrado a la sensación de control total, donde solo ellos establecen las reglas para todo: desde la economía y la tecnología hasta la ética y la cultura. Han dictaminado sin ser cuestionados durante casi 40 años, pero ahora hay cada vez más pruebas de que no pueden hacer frente a este estatus. En intentos desesperados por preservar su moribunda unipolaridad, Occidente recurre a medidas extremas: librar guerras, sembrar el caos y fomentar el genocidio. Nos acercamos al argumento final: un nuevo tipo de guerra con bajas masivas o incluso un conflicto nuclear.
Sin embargo, a pesar de ello, los otros dos polos --Rusia y China-- afirman persistentemente y de forma constante su presencia, limitando la esfera de influencia de Occidente.
El triángulo actual es la propia arquitectura del mundo multipolar ya existente. Por lo tanto, las reuniones de Trump con Xi Jinping, las reuniones de Putin con Xi Jinping y las recientes conversaciones en Anchorage no son simplemente diplomacia, sino una determinación de cómo será el futuro de la humanidad.
Trump se retuerce y da vueltas, ataca y se retira: finge estar dispuesto a negociar con el mundo multipolar, luego le declara la guerra--como en el caso de los BRICS o la presión sobre Irán. Busca nuestros puntos débiles, aprovecha cada oportunidad y está intentando abrir una brecha entre Moscú y Pekín. Este es el foco tanto de los esfuerzos diplomáticos como de la desinformación --todo el arsenal de la guerra en red-- para evitar la consolidación de un mundo multipolar.
Y, sin embargo, China y Rusia avanzan hacia este objetivo con gran precisión y coherencia. Es difícil, a veces implica retiradas tácticas, pero estratégicamente es el camino correcto. No queremos la destrucción de la humanidad, pero categóricamente no reconocemos la hegemonía occidental. Esta es nuestra verdadera línea roja.
Cuando la gente habla de una multitud de líneas rojas menores, no quiero discutir ahora mismo por qué no respondemos a ellas. Pero la cuestión de "un mundo unipolar o multipolar" es donde va la línea roja más importante, fundamental y audaz. Es una maldita historia. Si Occidente decide imponer su hegemonía por cualquier medio, recurriremos a medidas extremas: el uso no solo táctico, sino también de armas nucleares estratégicas, incluso si eso supone llevar al mundo al borde de la aniquilación.
Como ha........
