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5.000 manadas

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No sé si veinte años no son nada (o son mucho), como afirmaba Gardel, que a la postre moriría intolerablemente joven, supongo que depende de las circunstancias y el trasiego existencial; pero han pasado diez desde la manada del Prenda y sus compinches en Pamplona y parece que ha sido anteayer.

Recuerdo con espanto el bizarro espectáculo de las masas populares echadas a la calle, para manifestarse en contra de una sentencia antes de que ésta fuera publicada. Repito: salían a protestar por el contenido de un texto que no habían leído. No sé si puede existir forma más cabestra de andar en sociedad. O de ser pastoreados por los que supieron ver el filón que tendría el suceso, para llevar la gallina de los huevos de oro a su corral, que es de lo que se trata, de lo que siempre se trató. Mediatizar un caso mientras te preparas para enterrar debajo de la alfombra todos los que vendrán. El dedo que señala el pico de Rubiales y calla cuando destrozan a una chica en una pedanía de Barcelona. Y, además, usas las hordas descerebradas para torcer el brazo de la ley.

Estos asnos bípedos vociferaban contra los tribunales y dibujaban dianas con la cara del juez discrepante que tuvo el coraje de votar en conciencia y no dejarse llevar por la presión popular y política. Un documento con una redacción bastante clarividente, en mi opinión. Pero causas o motivos, legalidad o Estado de derecho importaban poco a los asilvestrados de las........

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