El último fumador
La otra noche, en una terraza de Madrid, un hombre fumaba solo en la mesa de al lado con una parsimonia de otra época. Era una de esas noches de julio en las que el asfalto devuelve el calor que tragó durante el día, y él fumaba sin teléfono, sin prisa, mirando la calle como quien mira el mar. Encendía cada cigarrillo con la brasa del anterior. Dejaba que el humo le subiera por la cara sin apartarlo, igual que un boxeador viejo deja que le llueva el jab de un sparring al que ya no teme. Me fijé en él porque ya casi nunca se ve fumar así, con esa aplicación de oficio. Y porque esa misma mañana el Consejo de Ministros había aprobado el proyecto de ley que le expulsará de las terrazas, de las playas y de casi todos los territorios que le quedaban al humo, que ya eran pocos y estaban mal comunicados. El hombre no parecía enterado. O no estaba dispuesto a darse por enterado, que es una forma superior de elegancia.
Los de mi quinta crecimos dentro........
