Los discursos de la nueva ultraderecha
Donald Trump ha desatado una tragedia global. Genocidios, guerras, bombardeos, sanciones contra los pueblos para llegar a acuerdos con los dirigentes. Una demolición completa del Derecho Internacional. Ni los Derechos Humanos ni la “lex mercatoria” han sido respetados. Ha firmado la defunción de la globalización y del sistema de Naciones Unidas al mismo tiempo que ha cometido o a colaborado en la comisión de notorios crímenes contra la humanidad (magnicidio, agresión, crímenes de guerra, genocidio, crímenes de lesa humanidad…).
En el plano interno, Donald Trump ha provocado una clara crisis constitucional en la “primera democracia liberal de la Historia”, con un legislativo amenazado por las hordas “escuadristas” de la ultraderecha, un judicial firmemente controlado por el presidente, un ejecutivo que no admite límite legal alguno, y los poderes territoriales del Estado compuesto norteamericano sometidos mediante el despliegue ilegal de fuerzas federales militares o militarizadas en los Estados controlados por la oposición.
Pero Trump no es un elemento aislado en el escenario político global. Es el mascarón de proa de la ofensiva ultraderechista que avanza irrefrenable en todo el mundo. Milei en Argentina, Kast en Brasil, Orbán en Hungría, Meloni en Italia, Novoa en Ecuador, Bukele en El Salvador…y donde la ultraderecha no ha alcanzado el poder, parece cerca de hacerlo: Le Pen o Bardella en Francia, Alice Weidel en Alemania, Nigel Farage en el Reino Unido…
El dique conformado por las alianzas antifascistas que dieron nacimiento a la mayor parte de las constituciones europeas tras la Segunda Guerra Mundial se resquebraja. La alianza con la ultraderecha ya es la principal estrategia política para muchas de las fuerzas conservadoras del continente. Incluso a nivel paneuropeo, el Partido Popular de la Unión ha conformado ya mayorías concretas en el Parlamento con los partidos “pardos” y ha permitido que se nombren comisarios propuestos por el grupo de Meloni. Para Von der Leyen y los nuevos Von Papen de la política continental ya hay “ultraderechistas buenos” (atlantistas) y “ultraderechistas malos” (prorrusos). Dada la deriva posterior de los acontecimientos y las cambiantes alianzas trumpistas, pronto esa diferenciación dejará de tener sentido para los prebostes conservadores y la puerta de los gobiernos europeos pasará a estar definitivamente abierta para todas las fuerzas de la ultraderecha. Melenchon ya se ha convertido en alguien más digno del veto que Bardella para un neoliberal consecuente como Macron, pese a los escarceos con los bancos rusos del Reagrupamiento Nacional francés.
Y nuestro país no es una excepción. Aunque ha tardado más en llegar por la herencia de la lucha antifranquista de la Transición, la ola ultraderechista ya empieza a marcar la agenda de los conservadores y a tener posibilidades de acceder al gobierno. Vox avanza en todas las autonómicas y ya es el tercer partido del país en términos de intención de voto. No sólo eso: se ha convertido en la muleta imprescindible para un gobierno del Partido Popular. Una idea peligrosa: la historia demuestra de manera incansable que todos los Von Papen son devorados por los Hitler en los gobiernos que toman el “anticomunismo” como única bandera.
Pero el avance ultraderechista no sólo se mide en votos o en escaños. También en una transformación cultural profunda de la sociedad española. La inmigración, el feminismo, la crisis territorial…todos los debates fundamentales están teñidos ahora por la toxicidad “parda”. Una sociedad mediterránea esencialmente multicultural desde siempre y con un pasado de emigración de masas se muestra aterrada por la inmigración “descontrolada”. Unas clases populares que llevan décadas a la vanguardia de los avances sociales feministas y contra la homofobia se muestran airadas contra “el cáncer woke”. Una juventud que tiene todas las razones para rebelarse contra el capitalismo (falta de vivienda, empleo precario, degradación de los servicios públicos…) bascula hacia los fantasmas asociales del ultraliberalismo (la “libertad financiera” de los “criptobros” que se resume en el “sálvese el que pueda”) y la “machosfera” (una “masculinidad” más ridículamente descerebrada que realmente viril).
¿De dónde sale la ideología de esta marea ultraderechista? ¿Cuáles son los elementos esenciales del pensamiento de los dirigentes de la internacional ultra? ¿Cuáles son las fuentes, confesas e inconfesas, de las propuestas fascistas del siglo XXI? ¿Qué hay detrás del discurso de Trump, de Orbán o de Milei? ¿Qué tienen en común........
