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A Diana Morant le falta imagen presidenciable

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15.04.2026

Diana Morant: "Bienvenidas todas las personas que quieran trabajar en nuestro país"

Diana Morant: "Bienvenidas todas las personas que quieran trabajar en nuestro país" / Europa Press

Diana Morant ha consolidado su liderazgo en el PSPV con el aval de Ferraz, el control del partido y una candidatura a la Generalitat que hoy no tiene rival. Lo que no ha conseguido todavía es ordenar del todo el partido ni construir una imagen ganadora. ¿Es un problema de tiempo, de estilo o de fondo?

El PSPV dispone de temas para hacer oposición al PP y cuenta además con una líder con peso institucional como ministra. Pero sigue sin transmitir de forma clara la imagen de una alternativa sólida. ¿No parece preparado porque aún está en reconstrucción o porque nadie termina de creer del todo en el liderazgo de su secretaria general?

Lo que sí tiene el PSPV

Al PSPV no le faltan temas para hacer oposición políticamente rentable al Consell del PP: la gestión de la dana, la vivienda, la financiación autonómica, el deterioro de la sanidad y de otros servicios públicos, o la dependencia de Vox en asuntos sensibles. Ello explica que Morant haya intentado ordenar una estrategia basada en una oposición dura al Consell, la defensa de una agenda socialdemócrata clásica y la reconstrucción territorial del partido, «barrio a barrio» y «comarca a comarca».

En teoría, es una estrategia acertada porque el partido tiene argumentario y un adversario desgastado, con flancos abiertos. Incluso la presentación de un plan de 26 medidas urgentes para 2026 responde a esa lógica, al proyectar la imagen de un PSPV capaz de actuar como Gobierno en la sombra.

El problema está en otra parte. El PSPV sabe bastante bien qué quiere decir, pero todavía no ha demostrado que pueda decirlo con una sola voz en toda la Comunitat. Y en política no basta con denunciar al adversario ni con acumular propuestas. Hace falta transmitir una idea de cohesión y proyecto. Aunque hoy los socialistas valencianos discuten con el PP y desgastan al Consell, no consiguen aparecer ante la sociedad valenciana como un recambio claro y verosímil de poder.

El problema de Morant

La propia Diana Morant resume hoy la principal contradicción del PSPV. Su condición de ministra de Ciencia, Innovación y Universidades le da visibilidad, rango institucional y una línea directa con la Moncloa en asuntos clave. Le da, además, un peso político que hoy no tiene ningún otro dirigente socialista valenciano. Pero esa misma fortaleza encierra su principal debilidad: la imagen de una líder demasiado vinculada a Madrid y todavía insuficientemente enraizada en el pulso diario de la política valenciana.

Y ese es el debate de fondo. Morant ha consolidado su liderazgo orgánico y su candidatura a la Generalitat parece la única verdaderamente asentada. Pero una cosa es tener resuelta la jerarquía interna y otra haber despejado todas las dudas sobre su capacidad para encarnar una alternativa autonómica sólida.

No hay ahora un rival formal preparado para disputarle la candidatura a la Presidencia de la Generalitat. Lo que hay son reservas, cautelas, comparaciones. Siguen en pie tres dudas de fondo. La primera: si puede ser al mismo tiempo ministra, secretaria general y candidata solvente (excepto Illa, los precedentes no son alentadores: Alegría, Maroto…, Montero casi con total seguridad). La segunda: si su peso institucional compensa la percepción de distancia respecto al territorio. La tercera: si el partido llegará a tiempo de construir a su alrededor una imagen presidencial.

Ahí está hoy su principal asignatura pendiente. Porque el PSPV no necesita solo una líder que mande en el partido. Necesita una dirigente que, además, aparezca ante los electores como una presidenciable natural y reconocible más allá del partido. Y esa condición no se construye únicamente con cargo, visibilidad o aparato. También exige presencia constante, perfil propio y una conexión territorial que, en política valenciana, sigue siendo media victoria.

Valencia. VLC. La secretaria general del PSPV-PSOE, Diana Morant, preside la primera reunión del Grupo Socialista en Les Corts Valencianes para analizar el inicio del curso político. PSPV-PSOE . REUNIÓN DEL GRUPO SOCIALISTA DE LAS CCVV . LES CORTS / Miguel Ángel Montesinos / LEV

A las dudas sobre Morant se suma un problema más viejo y, seguramente, más profundo: el PSPV sigue sin estar del todo cosido. La secretaria general no domina todavía a los poderes territoriales que sobreviven dentro del partido, lo que limita su autoridad política efectiva.

El caso más evidente es el de Carlos Fernández Bielsa. Su victoria en la provincia de Valencia en marzo de 2025, frente al candidato apoyado por el entorno de Morant, dejó claro que el oficialismo no controla por completo la estructura más importante del PSPV. Desde entonces, Bielsa se ha consolidado como un contrapoder territorial.

En Alicante, la situación es distinta, aunque tampoco está cerrada. El espacio de Alejandro Soler parece hoy más debilitado, sobre todo tras la llegada de Rubén Alfaro a la secretaría provincial en abril de 2025. Pero eso no significa que los equilibrios anteriores hayan desaparecido. Los relevos de enero de 2026, con la salida de Soler de la coordinación del grupo valenciano en el Congreso y de Toni Gaspar de la portavocía adjunta en Les Corts, reflejan una nueva fase con menos integración y más control directo por parte de Morant.

También en Alicante ciudad se aprecia ese cambio de ciclo. La continuidad de la gestora desde mayo de 2025 demuestra que la reorganización sigue abierta y que la dirección no quiere devolver la agrupación a los viejos equilibrios. A eso se suma el repliegue de redes tradicionales, como la de Ángel Franco.

Pero, mientras Morant refuerza el mando, el partido sigue proyectando desorden. Almussafes, Sant Vicent del Raspeig y Alicante ciudad apuntan a la misma conclusión: la cohesión territorial del PSPV sigue siendo incompleta.

La sombra de Ximo como síntoma

En este contexto, la sombra de Ximo Puig sigue ahí. No tanto como candidato alternativo real ―que él no desea―, sino como referencia inevitable. Para una parte del socialismo valenciano, Puig continúa representando un equilibrio que Morant aún no ha terminado de encarnar: moderación, valencianismo institucional, implantación territorial y una cierta naturalidad presidencial. Su nombre reaparece una y otra vez, no como solución inmediata, sino como baremo con el que se mide a la actual líder. Y eso ya es un síntoma. Mientras Morant no consolide del todo su propio perfil político y territorial, la comparación con Puig seguirá viva dentro y fuera del partido.

Diana Morant tiene el mando, tiene el aval de Ferraz y tiene la única candidatura cierta del PSPV a la Generalitat. Su verdadero reto no es, por tanto, ganar otro congreso ni mover otra pieza interna. Es algo más difícil: conseguir que el PSPV vuelva a parecer un partido preparado para gobernar. Para eso necesita presencia constante en el territorio, capacidad de reunificar al partido, un relato propio que no dependa solo del desgaste del PP y, sobre todo, proyección de imagen presidenciable creíble.

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