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'Las amistades peligrosas' o la fascinación por el juego

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20.09.2026

Si se va a ver Las amistades peligrosas de Christopher Hampton en el Teatro Marquina, hay que olvidarse de la popular película del mismo título cuyo guion también escribió el mismo dramaturgo, y ser consciente de que se va a ver teatro. Aunque la dirija David Serrano, exitoso director cinematográfico que lleva varios años triunfando en el teatro y, sobre todo, en los musicales. Porque son lenguajes distintos y conseguir tejer el juego de poder mediado por el sexo que plantea la obra necesita recursos diferentes para contar lo mismo.

La obra original sucede en el siglo XVIII. El vizconde de Valdmont y la marquesa de Merteuil, viejos conocidos, amigos con derecho a roce que antes fueron amantes, se retan. El primero porque ve en el reto la posibilidad de una noche más con ella. La segunda porque en el reto le va la venganza de un examante que osó dejarla de malas maneras, o eso opina ella.

Lo que ella quiere es que el conde desvirgue a su sobrina, a la que han prometido con su examante, y la convierta en una experta sexual y que se sepa tras la boda para que todos se rían de su ex que quiere casarse con una virgen. Y lo que él quiere, es conseguir otro hito en su carrera sexual acostándose con una recatada mujer de alta sociedad, muy devota, de las de antes morir que serle infiel a su marido.

Para conseguir sus objetivos, poco les importa mentir, engañar o corromper criados. Y, por supuesto, les importa aún menos manipular sentimientos y lo que esa manipulación pueda provocar a las personas. Ellos están ahí para jugar y ganar. Lo demás y los demás poco importan. Y no, no es un juego inocente, pues según la obra, en aquella época, en este tipo de juegos se apostaba la vida........

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