Tic-tac tic-tac toc
17 de marzo 2026 - 03:07
Me había propuesto sacar un artículo el lunes temprano sobre los resultados de las elecciones castellano-leonesas. Para eso tenía que mandarlo a la redacción antes de las 21:30. Pero como del escrutinio no salía talmente lo que las encuestas habían pronosticado, mi artículo iba variando ~serpenteándose~ según avanzaba el recuento. Lo malo es que no iba a terminar (de variar) antes de la hora del cierre de la redacción. Y allí estaba yo, como el asno de Buridán, paralizado entre mi teclado y mi televisor.
Quejoso, juré que jamás hablaría de unas elecciones hasta dos días después, cuando se hayan contado hasta los votos por correo y se hayan resuelto las alegaciones a la Junta Electoral. Y aun entonces podría pecarse de precipitación, porque enseguida llegan las negociaciones, que tienen la virtud (o el vicio) de cambiarlo todo. Los mismos números no significan lo mismo según se pacte o no, con quién y para qué, ni según se entre o no en el gobierno. Sólo entonces podría hacerse un comentario seguro.
¿Seguro? ¿Y si el pacto no se cumple, eh? El tic-tac del reloj taladra los nervios del que tiene el TOC de lo definitivo. A esas alturas de mi monólogo, intervino mi mujer: “A ver si tú, en vez de ser columnista, quieres ser historiador o, mejor aún, para amarrar, medievalista o, todavía con más tiempo, arqueólogo o, por qué no, ya puestos, geólogo…”.
Quiero ser columnista, que para la eternidad ya tengo la poesía. Así que hoy opino que las espadas –después de lo de Castilla y León– han quedado más en alto que antes. El PP y Vox están abocados a entenderse. Primero, porque la voluntad popular (esa ficción) lo exige. Pero, sobre todo, porque lo impone la aritmética, tan tozuda, y la situación de España, tan tiznada y tan compleja.
Sin salirnos de la aritmética, lo suyo sería que Vox impusiese un tercio –la legítima– de su programa y el PP, sus dos tercios. ¿Cuál es la dificultad? Que la legítima de Vox choca con los pactos del PP con la socialdemocracia en Europa. He ahí el vértigo de la hora presente. La resolución la contará de maravilla, dentro de muchos años, algún historiador sesudo y sosegado a nuestros nietos. Aquí y ahora no nos queda más remedio que comentarla sobre la marcha, nerviosos, bajo la amenaza de la hora del cierre y según se vaya aclarando. O no. Ay.
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