Amar al prójimo
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CompartirBuscando en el dial algo que me entretenga, tropiezo con una tertulia donde se diserta sobre la soterrada pelea en la que al parecer andan ... envueltos los dos partidos que estos días intentan repartirse el pastel del poder en ciertas comunidades como la nuestra. Me refiero a la disputa por ganarse los favores del voto católico en que se hallan sumidos el señor Abascal y el señor Feijóo.
Pillo la discusión demasiado tarde para contarles las conclusiones a la que llegan los expertos que se expresaban sobre este particular pero siempre me ha llamado la atención el hecho de que sean los partidos más situados a la derecha los que se otorguen con más legitimidad la posesión de este voto tan católico, romano y apostólico.
Recordemos que precisamente si nos atenemos a las enseñanzas más esenciales del cristianismo más ferviente, el mandato prioritario y primordial debería ser el amor al prójimo, un amor que debe ser tan incondicional y entregado como el que uno pueda practicar con uno mismo. «Amarás al prójimo como a ti mismo» dice el citado mandamiento. O decía, en mis tiempos de seminarista en Ciudad Rodrigo, donde nos incrustaban tal enseñanza con insistente monotonía.
Es por eso que me resulta tan paradójico que hoy día ese amor al prójimo lo capitalicen las formaciones políticas que precisamente están más entregadas a negociar hasta qué punto debe ampararse la existencia de prójimos tan cercanos como el inmigrante, el homosexual, la mujer o todo aquel que pueda aspirar a vivir más próspera y digna gracias a las ayudas sociales del estado. ¿Qué puede haber de cristiano en aquellas formaciones que precisamente consiguen cuotas de poder a base de prometer recortes y debilitar los derechos a los colectivos más vulnerables?
Uno entendería que aunque no sean de misa diaria y comunión dominical, los responsables de los partidos situados más a la izquierda pudieran disputarse los votos de aquellos electores que entienden que los más ricos y favorecidos deberían ayudar al sostenimiento vital de los más vulnerables, como dispone el evangelio, pero le cuesta entender que sean precisamente los que se disputan la bajada más sistemática de los impuestos (única forma conocida de luchar contra las desigualdades) quienes se otorguen tal responsabilidad. ¿Qué puede, por ejemplo, tener de católico, romano y apostólico la idea de que solo puedan tener acceso a la salud los que puedan permitirse pagar un seguro privado? Queridos hermanos, reflexionemos un poco sobre esto.
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