Carlos Álvarez: grave desengaño a dos días de las elecciones
Faltando apenas dos días para unos estratégicos, riesgosos comicios, asistimos a una revelación que ha sacudido a miles de votantes: la persona de mayor confianza del candidato Carlos Álvarez —hablamos de su primera vicepresidenta en la plancha oficial— tiene posiciones políticas que, de acuerdo a este escriba, se alinean con el proyecto ideológico latinocomunista calcado de Pedro Castillo, un tipejo condenado por quebrantar el orden constitucional y procesado por corrupción. Para muchos simpatizantes de Álvarez, aquello no ha sido sorpresa sino una profunda desilusión. ¡El problema es sumamente grave! La persona que acompañe a un candidato presidencial como vicepresidenta suya no es decorativa. ¡Es la figura llamada a reemplazarlo en caso de vacancia, enfermedad o incapacidad! Ejerce, en realidad, una co-presidencia potencial. Por eso, al saberse que Cristina Chambizea —la vicepresidenta elegida por Álvarez— manifestó su público respaldo al golpe de Pedro Castillo cuando pretendió disolver inconstitucionalmente el Congreso el año 2022 y, paralelamente, hoy aplaude iniciativas como una “segunda reforma agraria” y la “convocatoria a una nueva constitución”, la indignación entre sus simpatizantes fue inmediata. Las redes sociales registran mensajes donde Chambieza se solidariza con la esposa de Castillo y da respaldo explícito a la fallida maniobra de ruptura del orden democrático. También se han difundido antecedentes de su trabajo como asesora de un exministro de Agricultura y congresista del gobierno de Castillo. Todo esto ha encendido alarmas entre quienes veían en Carlos Álvarez una opción moderada, alejada de los extremos ideológicos. La respuesta del candidato no calmó las aguas. Álvarez declaró que mantiene “serias diferencias ideológicas” con su compañera de fórmula, pero que, aun así, “ella tiene toda mi confianza”. Trató de presentarse como un político de centro, ajeno a radicalismos; pero semejantes blasfemias colisionan frontalmente con la decisión de incorporar a alguien supuestamente afín con agendas que él mismo dice rechazar. La contradicción es manifiesta, y el electorado la percibe. Precisamente cuando la ciudadanía exige coherencia, claridad y transparencia, la conducta de Álvarez implica una absoluta imprudencia política. No solo disimulando el equivocado perfil de la candidata vicepresidencial, sino porque esta información ha permanecido escondida del país hasta el último tramo de la campaña. Para muchos votantes, aquello constituye una fórmula de ocultamiento que erosiona toda confianza. La “segunda reforma agraria”, recordemos, fue una propuesta del gobierno de Castillo para dar un nuevo giro radical hacia el intervencionismo estatal en el campo. También la convocatoria a una “asamblea constituyente” es otra ignominia de los sectores más radicales de la izquierda. La camarada de fórmula de Álvarez, Cristina Chambieza, actualmente promociona ambas agendas, colocándolo en el disparadero. Hablamos de un golpe claro a la credibilidad de una candidatura que se presentaba como moderada, pero que ahora enfrenta graves cuestionamientos sobre su verdadero rumbo. Para este escriba, Álvarez ha cavado su propia fosa política al incorporar, encubiertamente, a una figura extremista en su plancha, cuya trayectoria desmiente frontalmente el mensaje que él decía representar. El electorado decidirá el domingo. Pero toda incoherencia y trapacería finalmente pasarán factura.
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