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Todo a un euro

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24.03.2026

24 de marzo 2026 - 03:08

Se imaginan ustedes un puesto callejero donde se vendiera todo a un euro, y allí se pudiera comprar un abrigo de visón (sintético o natural), una cadena de oro de veinticuatro kilates, un paquete de pipas saladas o sin sal y también un paquete de sabrosos altramuces. Qué maravilla, todo al alance de cualquier bolsillo, sin diferencias ni afinidades. ¡Todo igual!

Pero la cuestión sería a ver qué se terminaba antes en este puesto tan original. Se acabarían antes las cadenas de oro o los paquetes de pipas. Todos ustedes al unísono dirían que las cadenas de oro. Pero quizá, contemplarían con cierta incredulidad que lo primero en desaparecer, serían los paquetes de pipas con sal. Sí, con sal, porque los consumidores le echan muncho sabor a la vida y no les importa el colesterol, solamente le importa pasar un buen rato, vivir el día a día y para qué más, con la de problemas que tiene este mundo.

Una razón de bastante peso, pero que demuestra tener poco conocimiento del valor de las cosas o simplemente no saber elegir bien; pues elegir algo con valor demuestra discernimiento, lo cual tampoco te impide poder disfrutar del momento e incluso acabar saboreando un paquete de pipas.

En esta sociedad algo anquilosada en la que vivimos, el dueño del carrito callejero se quedaría sin altramuces o pipas y sólo le quedaría por vender los visones y las cadenas de oro.

Quizá es que el valor está en las cosas pequeñas pensaría el hombre o bien que la gente quiere medir todo por el mismo rasero.

Yo me quedaría bastante impresionada y no sabría a qué atenerme y preguntaría dónde está el verdadero valor de las cosas.

A lo mejor es que nuestra sociedad está cambiando el valor de las cosas o que en verdad no sabe apreciar y diferenciar lo blanco de lo negro y que todo le da igual. Es decir un poco de aquello que en Roma era “pan y circo” para que el pueblo callase y no pensara, teniendo el estómago lleno.

Vaya usted a saber qué es lo que pretenden los que organizan nuestras vidas y nos dan lo que creen que será mejor para ellos, y simplemente pretenden contentarnos con carritos callejeros de todo a un euro y que no miremos a nuestro alrededor, que no diferenciemos y que todo el mundo sea poeta por el simple hecho de escribir un pareado en una servilleta.

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