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La democracia también se conquistó en las fábricas

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Dos meses después de la muerte de Franco, España no era todavía una democracia. El país había cambiado de escenario, pero no de estructuras. Las instituciones, los mecanismos de control y la represión seguían funcionando. Y el temor a una involución —a un regreso del miedo— era real.

Mientras el gobierno de Arias Navarro ofrecía una reforma limitada y ambigua, la crisis económica se profundizaba: inflación desbocada, paro creciente y salarios que perdían valor semana tras semana. En ese contexto, las fábricas se convirtieron en uno de los principales escenarios del conflicto… y también del cambio.

Enero de 1976 fue uno de esos momentos en que la historia se acelera.

Un país en tensión

La transición política no se hizo solo desde arriba. También se hizo desde abajo. Y en aquellos meses iniciales, los centros de trabajo concentraron una parte esencial de la presión social que empujó el proceso.

En Madrid y su área industrial —Villaverde, Méndez Álvaro, Julián Camarillo, Getafe, Torrejón, Alcalá o San Fernando de Henares— las huelgas y movilizaciones implicaron a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras. En algunos sectores estratégicos, la protesta golpeó donde más dolía: Metro, RENFE o CASA, Construcción, Textil o el propio sector del metal entre otros.

El mensaje era claro: no podía haber democracia........

© eldiario