El espejismo del salario mínimo
Todos queremos que el sueldo alcance. ¿A quién no le gustaría ganar más dinero a partir de enero? Pero la verdadera pregunta no es si el aumento se ve bonito en el papel, sino si es sostenible para un país como Colombia. Y ahí es donde el discurso del Gobierno empieza a desmoronarse.
Un aumento del salario mínimo del 23,7% no es justicia social: es populismo electoral. Es una decisión pensada para el aplauso inmediato y el titular fácil, no para la estabilidad económica de millones de colombianos. Es una medida tomada con cálculo político y no con responsabilidad técnica, en un país que ya arrastra inflación, informalidad y fragilidad fiscal.
Este desgobierno decidió gobernar con el titular y no con la cabeza. Subir el salario mínimo muy por encima de la inflación no mejora la calidad de vida: dispara los precios. Lo que no se paga con productividad, inevitablemente se termina pagando con inflación. Y la inflación, como siempre, castiga más duro a los pobres.
Renacer en el nuevo año
¿Quién termina asumiendo realmente este golpe? Las pequeñas y medianas........
