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Sin pensar te pienso: cuando la memoria derrota a la razón.

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15.07.2026

Sin pensar te pienso: cuando la memoria derrota a la razón.

“Hay pensamientos que no nacen de la voluntad, sino de la vida misma.”

La frase “Sin pensar te pienso” está escrita en una pared amarilla, llena de grafitis, de una edificación habitacional ubicada entre los barrios Escallón Villa y Los Calamares de Cartagena. No lo sé, pero esa frase es atractiva porque tiene una carga simbólica interesante que intentaré explicar de forma sencilla, sin tanto tecnicismo.  La frase me llamó la atención por su carga semántica y, mientras observaba cómo los transeúntes y las motos con sus pasajeros pasaban cerca del vehículo en el que me encontraba, pensé que merecía un análisis. Me puse a pensar que hay frases que parecen sencillas, pero cuya profundidad se revela únicamente cuando dejamos de leerlas de forma literal.  “Sin pensar te pienso” es una de ellas. En apenas cuatro palabras se concentra una contradicción que desafía la lógica y, al mismo tiempo, desnuda una de las experiencias más universales del ser humano: la imposibilidad de controlar por completo aquello que habita nuestra conciencia.

La racionalidad moderna nos acostumbró a creer que el pensamiento es un acto voluntario. El ser humano aprendió que pensar es una facultad guiada por un sujeto consciente. A simple vista, puede ser cierto esto: se observa, se analiza, se decide y se concluye. Todo, todo depende de esa voluntad: así de sencillo. No obstante, muchas veces un nombre de alguien conocido en el pasado, la nostalgia al escuchar una canción vallenata de los ochenta o creer que hay una presencia de alguien cercano permiten comprender inmediatamente que la conciencia no obedece nuestras órdenes. Pues existen pensamientos que llegan con ímpetu y viejos recuerdos que llegan sin pedir permiso.

En ese sentido, la expresión “Sin pensar te pienso” no es un error lógico, sino una verdad existencial. Revela que existen personas, lugares y experiencias que dejan de ser simples recuerdos para convertirse en parte de nuestra estructura interior. Ya no es necesario buscarlos porque viven arraigados con nosotros. Se transforman en una presencia silenciosa que acompaña nuestra cotidianidad sin anunciarse.

Quizá por eso........

© El Universal