menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Condenadores

6 0
09.04.2026

Sigo varado en un ejemplo que ha alcanzado la gloria de ser lugar común: en el paréntesis de la Navidad de 1914, de aquella Primera Guerra Mundial que aún es monstruosa e implacable, cuando los soldados británicos y los soldados franceses dejaron atrás sus trincheras para encontrarse con los soldados alemanes en la tierra de nadie, y entonces velaron a sus muertos, y liberaron prisioneros, y compartieron comidas, y cantaron villancicos, y jugaron partidos de fútbol, hasta caer en cuenta, cara a cara, de que no tenían razones para matarse. Pronto, en los primeros meses de 1915, los demenciales comandantes de ambos bandos prohibieron las treguas. Y para 1916, luego de las batallas infernales del Somme y de Verdún, fueron los propios reclutas –con los cerebros lavados y los dientes ensangrentados– los que se negaron a parar.

(Le puede interesar: Duelos).

Sigo varado en este ejemplo, digo, porque sería lo ideal votar por líderes que no nos desdibujaran, ni nos enloquecieran ni nos prohibieran........

© El Tiempo