Patrimonio a los cuarenta
Que no pase desapercibido el aniversario número 40 de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. Se trata del lugar en el que están guardadas –restauradas y protegidas– las imágenes de nuestra cultura: en sus instalaciones hay más de 200.000 piezas entre películas, videos, fotografías, afiches y guiones, desde los días del cine mudo hasta las décadas pasadas. Valga celebrar una organización tan seria que a partir de la década de los 90, cuando aún la dirigía el extrañado Jorge Nieto, ha sabido formar parte y estar a la altura de la red mundial de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos.
La Fundación siempre ha sido una presencia admirada por los cinéfilos, pero desde 2004, cuando llevó a cabo una alianza con RTVC, empezó a ser una institución aún más visible: su sede en el CAN, en Bogotá, tiene una serie de bóvedas necesarias para el almacenamiento, una biblioteca y un centro de documentación que son lugares de memoria, pero también recordatorios de que hemos tenido una cultura visual que no ha descansado a la hora de expresarse. Gracias al trabajo de directoras como Myriam Garzón y Alexandra Falla, que cumple once años a cargo, la Fundación ha avanzado con firmeza en estas dos décadas: ha crecido en colecciones, en catalogaciones, en ayudas internacionales.
Ha sacado a la luz estuches del cine silente, de la historia de las películas colombianas, de la obra de Dunav Kuzmanich, del trabajo de Carlos Mayolo, pero también publicaciones y producciones que cuentan lo que han hecho nuestros cineastas. A los 40, es más relevante que nunca: para el próximo 22 de abril, en el propósito de seguir conmemorando el talento audiovisual de Colombia, ha organizado –en el recuperado Teatro Faenza– el cine concierto a partir de la versión restaurada la película de 1926 Alma provinciana. Suena milagroso. Pero salvar imágenes es la tarea diaria de la Fundación.
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