La vergonzosa burla
La parranda vallenata, con el cantautor Nelson Velásquez y su conjunto en tarima, organizada por peligrosos capos en la cárcel de Itagüí (Antioquia) es un episodio más que vergonzoso. Y que ha recibido una condena general, empezando por los candidatos presidenciales. Aunque el puntero, Iván Cepeda, manifestó: “De mí no esperen declaraciones contra la paz en el país”. Pasa por alto que en este caso la condena es contra el crimen, contra la indignante burla de los delincuentes.
Porque es insólito, además de desafiante con las instituciones, sobre todo las judiciales, que unos 23 criminales que purgan altas penas por delitos como narcotráfico, extorsión y homicidio se paguen, a plena luz del día, una fiesta de 500 millones, con cantina libre, en la que participaron numerosas mujeres.
Y para mayor indignación, es un claro desafío al Gobierno, en cabeza del presidente Gustavo Petro, que luce silencioso en medio de su habitual locuacidad en redes en temas de discusión nacional. Porque estos son los mismos personajes a los que el mandatario pidió que se les suspendieran las órdenes de captura con el argumento de que participaban en la Mesa de Paz Urbana, y que en buena hora echó para atrás la Fiscalía. Con el agravante de que recibían beneficios, con todo su poder, así tuvieran la mirada cercana del Inpec, en plena campaña electoral.
Y son varios, si no todos, los del tristemente célebre ‘tarimazo’, con miembros del gabinete y la senadora Isabel Zuleta. Tal vez esa visibilidad, esa generosidad y las gabelas que tienen allí, como se ha visto, más cercanas a un chalet que a una prisión, los han envalentonado.
Es un claro desafío al Gobierno, en cabeza del presidente Gustavo Petro, que luce silencioso en medio de su habitual locuacidad en redes en temas de discusión naciona
Tras el bochornoso hecho el Gobierno suspendió la mesa. Era lo mínimo. Pero no puede quedar ahí. Aquí hay problemas de fondo, comenzando por que el Inpec vuelve a demostrar que es rey de burlas. Y que seguramente los capos siguen delinquiendo desde la cárcel, sin ninguna voluntad de aportar a la paz. Y tiene que haber correctivos, responsables y sanciones. Si nada pasó, la vergüenza será mayor.
EDITORIAL
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