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Esperanza frágil

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08.04.2026

Este martes el mundo entero estaba pendiente, con los dedos cruzados, de la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de atacar a gran escala a Irán, dentro del feroz conflicto bélico que inició el pasado 28 de febrero sobre aquel país, junto con Israel.

El del mandatario norteamericano era un anuncio intimidante y de consecuencias impredecibles. Prometía “arrasar” el país en menos de 4 horas. “El martes será el día de las plantas eléctricas y de los puentes”, advertía. Y agregaba que Irán viviría el infierno si no cumplía sus exigencias de reabrir el estrecho de Ormuz.

El escenario que se vislumbraba era doloroso, con costos en infraestructura y en economía, pero también, desde luego, en vidas. Por eso el pueblo iraní, que por décadas ha sufrido la brutalidad de la teocrática tiranía que lo oprime, estaba haciendo maletas, en un éxodo casi nunca visto en Teherán, la capital, con más de nueve millones de habitantes. Otros rodearon las estructuras.

El panorama era sombrío, más al revisar la respuesta de la contraparte. Porque, aun sabiendo que las guerras también son fuegos cruzados de palabras, Irán anunciaba que no cedería antes las presiones.

Es urgente, no solo porque todos los días se pierden vidas, sino porque por el estrecho de Ormuz pasa el buque de la economía mundial.

Por suerte, el camino del diálogo ha vuelto a encender una luz de esperanza, ganándole la contrarreloj al desastre. El anuncio de Trump, poco antes de la hora cero, de dos semanas de alto el fuego, confirmado por el Consejo Supremo iraní, alivia al pueblo de este país, que salió a las calles a celebrar, pero también al mundo. Este buen resultado se da cuando las partes han aceptado la propuesta de prórroga de Pakistán, mientras prosiguen las negociaciones en Islamabad en busca de un acuerdo final para esta guerra.

Es urgente, no solo porque todos los días se pierden vidas. Irán dice que ya cuenta unas 3.000, en su mayoría de las fuerzas de seguridad, aunque hay cifras mucho mayores. Y esta guerra no solo sacude el Medio Oriente, sino que se siente en el mundo.

Por el estrecho de Ormuz pasa el buque de la economía mundial. Como lo afirmó Ricardo Ávila el domingo en este diario, “por allí se exporta una quinta parte del petróleo y el gas natural que consume el planeta, además de un buen número de derivados que van desde gasolina de avión hasta fertilizantes”. Y por ende, este conflicto trae alzas de los combustibles e inflación, que ya se sienten en varios países, incluida Colombia.

Por todo ello, porque ninguna guerra deja nada bueno, solo tragedia, dolor, destrucción y pobreza, hay que alegrase tras este paso, aunque aún sea frágil, porque ayer hubo un choque verbal, pues Washington alegó que Irán ha difundido su propuesta de tregua y no la que se ha acordado. A esto se agrega que no hay consenso sobre la inclusión del Líbano en el acuerdo. Israel, cuyas tropas avanzan sobre el sur de ese Estado, y que ayer perpetró una serie de ataques aéreos, argumenta que esta solo corresponde a Irán. Una muy compleja situación, de hecho.

Lo ideal, por la humanidad y por el pueblo iraní, que debe lograr liberarse del régimen opresor con ayuda de los organismos internacionales, es que esta tregua pase a ser un acuerdo final. No se ve fácil, pero ese es el camino al que hay que apostar.


© El Tiempo