El empleo que falta
Hoy, primero de mayo, se conmemora el Día Internacional del Trabajo y estará enmarcado por las tradicionales marchas de los sindicatos y demás organizaciones. Esta fecha, como es costumbre, ofrece la oportunidad para revisar el panorama laboral en Colombia, su estado actual y los desafíos que se perciben para los próximos años. Es lo que corresponde. Ojalá el presidente Gustavo Petro no use estas manifestaciones obreras como escenario proselitista y de campaña.
Ayer precisamente, el Dane publicó su informe sobre el mercado laboral del país correspondiente al pasado mes de marzo. La economía nacional registró en el tercer mes del año una tasa de desocupación de 8,8 por ciento, una disminución de 0,8 puntos porcentuales frente a la del mismo período de 2025. Se generaron 650.000 empleos más que hace un año, y fue la menor tasa registrada en marzo desde 2001.
Estas cifras vienen consolidando una tendencia a la baja de la desocupación, que reporta niveles mínimos que no se reportaban en décadas. Como es de esperarse, y con más razón en época de elecciones, el Gobierno Nacional incluye esta caída del desempleo como uno de sus principales logros. Sin desconocer que una tasa de desempleo en un dígito es bienvenida, una mirada más detallada al mercado laboral despierta varias alertas.
En primer lugar, un protagonista crucial en esta reducción de los índices de desocupación ha sido el Estado y su creación de puestos de trabajo. En marzo pasado, la administración pública respondió por 369.000 de los 650.000 nuevos empleos generados, esto es, el 56 por ciento. De hecho, la inmensa mayoría de puestos se explican por un puñado de ramas de actividad económica.
Queda demostrado que la informalidad se consolida como uno de los desafíos más importantes del mercado laboral.
En momentos en que el Gobierno atraviesa una severa crisis fiscal y el endeudamiento se dispara, cabe preguntarse qué tan sostenibles son esas nóminas burocráticas que alimenta el sector público. Y en especial, qué tantos recursos quedan en las arcas públicas para financiar esa contratación. El aparato productivo colombiano requiere una dinámica de empleo más equilibrada y diversificada, así como una participación mayor y más sólida del sector privado.
Segundo, a pesar de las bajas tasas de desempleo, la informalidad laboral se sostiene en unos niveles demasiado altos. En marzo, el 55,6 por ciento de la población ocupada del país registró como informal, apenas dos puntos porcentuales menor que en el mismo período del 2025. Y hay que añadir que la mayoría de los nuevos ocupados —457.000— son trabajadores por cuenta propia.
La informalidad se consolida como uno de los desafíos más importantes del mercado laboral. Lo que demuestran los últimos meses es la dificultad del aparato productivo en trasladar estos innegables aumentos de la ocupación en una sustancial reducción de la población trabajadora informal. Esta situación se materializa no solo en unos bajos niveles de ingresos, sino también en baja productividad laboral.
En esta época de campañas presidenciales, los aspirantes a la Casa de Nariño deben discutir con más fuerza sus propuestas para la creación de empleo desde el sector privado, desde la industria, para reducir la informalidad y robustecer todo el esquema de seguridad social, con grandes retos financieros, institucionales y demográficos.
