Por una nueva oportunidad
Este fin de semana Colombia enfrenta una jornada decisiva. Elegiremos un nuevo Congreso que, a partir del 20 de julio, tendrá la responsabilidad de legislar, ejercer control político y acompañar al gobierno que se iniciará el 7 de agosto. No es una elección más: es la posibilidad real de definir qué lugar ocuparán la cultura y las artes en el proyecto de país que queremos construir.
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Para el sector cultural, y en particular para las artes visuales y las instituciones que las sostienen, esta elección es crucial. En los últimos cuatro años vivimos un momento de esperanza con un aumento significativo del presupuesto cultural, que llegó a cifras históricas. Sin embargo, ese impulso perdió continuidad y terminó diluyéndose frente a otras prioridades. La realidad es evidente: en materia presupuestal, la cultura sigue siendo la última prioridad.
Y cuando la cultura pierde centralidad, no se trata solo de cifras, se trata de proyectos truncados, de programas interrumpidos, de artistas sin respaldo, de museos y espacios independientes enfrentando crisis operativas. Se trata de instituciones que han construido tejido social durante décadas y que hoy deben destinar su energía a sobrevivir, en un contexto de inflación, incremento de costos laborales y reducción de apoyos públicos.
Por eso, esta elección debe marcar un punto de inflexión. Es indispensable recuperar la dignidad presupuestal del sector. He insistido en la necesidad de llevar los recursos destinados a cultura, al menos al 0,5 % del Presupuesto General de la Nación; esto permitiría consolidar políticas de largo plazo, fortalecer museos, archivos, centros culturales y espacios independientes, garantizando condiciones sostenibles para la creación contemporánea.
El próximo Congreso debe asumir con claridad la defensa del patrimonio material e inmaterial, la protección del espacio público cultural y el fortalecimiento de la institucionalidad.
La discusión no es únicamente financiera; la cultura no es un gasto accesorio: es infraestructura simbólica, es memoria, es identidad, es pensamiento crítico. Las artes visuales, en particular, cumplen una función esencial en la construcción de ciudadanía. Son espacios de reflexión, de debate y de interpretación del presente; sin instituciones culturales sólidas, el país pierde capacidad de narrarse y comprenderse.
El próximo Congreso debe asumir con claridad la defensa del patrimonio material e inmaterial, la protección del espacio público cultural y el fortalecimiento de la institucionalidad. Construir sobre lo construido no es una consigna conservadora, es una condición mínima para el desarrollo. Destruir es fácil; consolidar es un acto de responsabilidad histórica. En los últimos años hemos visto cómo el vandalismo no solo arrasa bienes públicos y obras artísticas, sino que erosiona la confianza y paraliza la acción colectiva. La violencia no puede convertirse en lenguaje legítimo. Un país que aspira a prosperar necesita estabilidad, reglas claras e instituciones fuertes. La cultura requiere ese entorno para florecer.
Este momento electoral es una oportunidad para enviar un mensaje inequívoco: la cultura importa, las artes visuales importan, las instituciones culturales importan. Queremos un Congreso que legisle con visión de largo plazo, que entienda que la creatividad y el ingenio no son adornos, sino motores económicos, sociales y simbólicos.
Colombia necesita una agenda cultural seria, técnica y sostenida; una agenda que reconozca el papel estratégico de la cultura en la educación, en la economía creativa y en la cohesión social. Necesitamos legisladores que comprendan que apoyar museos, espacios independientes, artistas y gestores no es un acto de generosidad, sino una inversión en el futuro del país.
No podemos equivocarnos. Esta es la oportunidad de recuperar la institucionalidad, de fortalecer la agenda civilizada y de apostar por un modelo de desarrollo que incluya la cultura como eje estructural. Elijamos con conciencia. Defendamos la cultura. Construyamos sobre lo construido.
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